domingo 22 de marzo de 2026
Análisis

Vaca Muerta ante el futuro energético

Por Rodolfo Schweizer-Especial para El Ancasti- Mayo 2024

Sin la intención de desmerecer los intentos actuales de superación de las organizaciones empresarias que operan en torno a la capacidad de producción de Vaca Muerta a futuro, se hace necesaria una reflexión a la luz de lo que se está haciendo en el mundo para reemplazar el uso de combustibles fósiles para 2030, que es justamente el año que se toma como referencia para estimar el rol de Vaca Muerta en la evolución de nuestro país.

Según se publicó en los medios, “la producción de petróleo y gas natural de Vaca Muerta está en el mejor momento de los últimos 20 años… desde que Repsol perforó el primer pozo de shale gas en 2010”. ¡O sea, 14 años después! Según el informe y lo que entendemos de él, en marzo la producción de petróleo y gas en ese yacimiento cubrió el 52% del consumo del país, con 690.000 barriles de petróleo por día y 134 millones de metros cúbicos diarios de gas. Dado que, según se estima, Vaca Muerta tiene recursos como para producir 6 veces lo que Argentina consume, para 2030 su producción podría aportar entre 22.000 y 30.000 millones de dólares anuales, lo cual ayudaría sustancialmente a estabilizar la macroeconomía del país. Hasta aquí lo que transpira de la ilusión de Vaca Muerta, siempre y cuando se alineen las políticas económicas del estado, es decir de los políticos, en la dirección correcta y no interfieran terceros actores que dificulten la administración de ese yacimiento.

Ahora bien, en la construcción de esta ilusión no se tiene en cuenta lo que está ocurriendo en el mundo en torno al futuro de los combustibles fósiles. Veamos lo que pasa en Alemania, el motor económico de la Unión Europea, en torno al futuro de ellos, donde para 2030 justamente, el uso de petróleo y gas será desfasado en favor del hidrógeno. Implementar este plan nacional en el plano energético no ha sido fácil, porque ha obligado a una negociación política, pero ha aportado una solución que merece conocerse en países como el nuestro, acostumbrado al corto plazo y a la falta de perspectiva histórica y a futuro para construir un modelo de desarrollo que le permita acometer los desafíos a largo plazo.

Tal como nos cuenta el 30 de abril pasado la Voz de Alemania (Deutsche Welle), el estado alemán ha tenido que “buscarle la vuelta” a la limitación constitucional que le impedía contraer deuda soberana, con el fin de superar un cuello de botella que se daba en el tema de mantener y/o construir nueva infraestructura. El problema que tuvieron que enfrentar es que desde 2011 el gobierno se ve limitado por la nueva constitución nacional, de contraer deuda soberana o pública con ese fin, lo cual fue una respuesta a la crisis financiera internacional de 2008. Esto ha afectado a lo largo de los últimos 12 años la construcción de escuelas, la actualización del sistema vial de carreteras y fundamentalmente, la construcción y montaje de un sistema renovable de energía que le permitiera desfasar el uso de combustibles fósiles en los próximos 30 años.

La solicitud al congreso de permitir asumir esta nueva deuda fue controversial, aunque no extraña porque la colaboración entre la coalición de los tres partidos gobernantes con los demás partidos políticos alemanes ya se había dado por el tema del Covid y la guerra en Ukrania. Sin embargo, el problema fue superado gracias al ingenio del ministro de economía Robert Habeck, quien con un ingenioso esquema permitió no contradecir la prescripción constitucional que prohíbe aumentar gastos contrayendo deuda y conseguir al mismo tiempo el financiamiento necesario para construir la nueva red de energía renovable con hidrógeno, sin que la oposición política pueda pararlo. Finalmente, este 26 de abril pasado lograron la aprobación del congreso, lo que les permitirá financiar este proyecto de construir una red de distribución de hidrógeno por toda Alemania, a un costo de 21,45 billones de dólares. Creemos que el ejemplo es digno de tenerse en cuenta en países acorralados por deudas como el nuestro y con un sector privado con sus limitaciones.

Bajo la nueva legislación aprobada por el congreso, el gobierno no invertirá directamente en la obra para no pasarse con los gastos, sino que será asumida como deuda por el Banco KfW, una institución perteneciente al estado, la cual se amortizará en un plazo que vence en 2055 a través del cobro por el servicio, el cual aportará una ganancia que cubrirá los gastos de la construcción. Un 25% de los costos será a su vez asumida por inversores privados.

La red de distribución de hidrógeno en sí misma será operada por un conjunto de empresas privadas. Tal como dice el economista de la Universidad de Dusseldorf Jens Südekum, el mecanismo aprobado para concretar la obra va a permitir al gobierno subsidiar el extra cargo (surcharge) al principio, con el fin de atraer usuarios, mientras que será aumentado al final del periodo de 25 años para recuperar los subsidios iniciales. Los ejecutivos de las grandes empresas dieron la bienvenida al mecanismo encontrado para financiar la obra, porque distribuye los costos a lo largo de varias décadas, evitando recargar el servicio de entrada a los clientes.

El suministro de hidrógeno

Cubierto el aspecto constructivo del sistema de tuberías interconectadas en todo el país, el tema siguiente es, naturalmente, de dónde se va a sacar el hidrógeno. El proceso para generar hidrógeno es simple y consiste en separar eléctricamente el oxígeno y el hidrógeno que componen el agua, lo cual requiere una importante cantidad de energía que será suministrada por energía renovable. Este hidrogeno es calificado como hidrogeno verde, para diferenciarlo del otro hidrogeno que se obtiene usando gas natural.

Una vez conseguido el gas mediante su separación del oxígeno en el agua, uno de los problemas es su transporte por barco. Dado que es altamente inflamable, se lo debe licuar. En Alemania se prevé transformar las terminales portuarias que ahora reciben gas natural líquido en otras adaptadas al hidrogeno. Luego, a partir de allí, se lo va a mover a través de tuberías por todo el país. Para ello se prevé adaptar los 4.500 km de tubería existente en Europa y construir otras nuevas, pare tener todo el sistema interconectado y funcionando para 2030. Se estima que, para entonces, un 20% del transporte pesado se va a mover en base a hidrógeno.

Naturalmente, las empresas dedicadas a la producción de acero, cemento y químicos serán las más beneficiadas porque el uso de hidrogeno para fundir el mineral de hierro y para calentar el horno de cemento que produce el Clinker, va a reducir el impacto que tales industrias tienen en el calentamiento global. Según se informa, un productor de acero en Suecia, ya ha construido una planta piloto reemplazando el carbón con hidrogeno para fundir el mineral de hierro. Suecia produce 6.000 toneladas diarias de acero.

Por ahora, siempre según la DW, Alemania planea importar grandes volúmenes de hidrógeno desde países como México y Namibia. Alemania tiene una estrategia nacional para el uso del hidrogeno (NHS) que la obligará a importar el 70% del hidrogeno que necesita para eliminar para 2045 su contribución de dióxido de carbono (CO2) a la atmosfera proveniente del uso de combustibles fósiles. Al momento de escribir estas líneas, BMZ, Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania y CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe: un modelo de cooperación para el siglo XXI ha comenzado a concretar sus proyectos de hidrogeno en Marruecos, Brasil, Argelia, Namibia y Sudáfrica. El de Marruecos se inaugura en 2026.

Por lo pronto, BMZ ha puesto a disposición 299 millones de dólares para impulsar inversiones en estos países, mientras se espera que el sector privado invierta 1,5 billones de dólares. Sin embargo, estos fondos son cuidadosamente manejados. Se excluyen países con graves problemas ambientales y en derechos humanos; otros totalmente dependientes de combustibles fósiles o necesitados en exceso de energía y países con graves problemas de desertificación y donde el calentamiento global ya ha hecho sentir sus efectos con sequias. Las razones son la necesidad de contar con agua suficiente para poder sostener el proceso de separar el hidrogeno del oxígeno del agua.

A esta altura conviene preguntarnos por qué nuestro país, que cuenta con la Patagonia, que tiene una superficie de 1,9 millones de km 2 y donde la frecuencia del viento y su velocidad garantiza la disponibilidad de espacio y la producción de energía eólica, no desarrolla un plan de generación de hidrógeno alimentado con energía eólica, en vez de venderla al sistema para consumo ordinario. Ante esta capacidad energética disponible, que Alemania no haya considerado un convenio con nuestro país similar al que tiene con Brasil para producir hidrógeno a futuro preocupa, porque sugiere una falta de confianza hacia el país y su infraestructura técnica y política.

Conclusión

El ejemplo de Alemania tiene fundamental importancia no solamente porque resalta, en primer lugar, la importancia de proyectar y ejecutar planes de desarrollo y modernización de infraestructura con tiempo, que en este caso arrancó en 2020 con el gobierno de Angela Merkel, para mantener a Alemania en carrera en este siglo 21, sino porque resalta la disfuncionalidad del estado argentino en estos últimos 30 años, al haber creído los políticos a cargo de su destino de que la inversión privada, sola, por su cuenta y riesgo, podía cubrir las necesidades del país, incluyendo el planeamiento de su infraestructura, un tema imposible para la actividad privada por lo que implica en términos de riesgo financiero. Craso error que hoy se paga con apagones, falta de agua y otras disfuncionalidades en la educación, la salud pública, etc.

La decadencia actual del sistema energético de transmisión y distribución nacional (SAADI) por envejecimiento natural de las instalaciones y falta de renovación y adaptabilidad en estos últimos 30 años demuestra la incapacidad del esquema de explotación implementado desde 1990 a la fecha con las privatizaciones, que transformo a un servicio energético nacional en un mero negocio empresario que no pudo asumir sus responsabilidades ni funcionar eficientemente por su cuenta, sin olvidar que al final fue y es el mismo Estado el que facilita su funcionamiento con subvenciones. Para demostrar esto, sirva como ejemplo el caso de nuestra misma Catamarca y La Rioja, parte de un sistema que no les asegura una confiabilidad en el servicio por ser punta de línea y el mismo NOA, que carece de una infraestructura energética como para intentar plantearse desarrollar una industria minera al mínimo nivel.

En segundo lugar, porque la experiencia alemana para llevar adelante su transformación energética se da a través de una combinación entre el Estado alemán y la empresa privada. El Estado va a prestar la plata para construir la obra y subvencionar parte del costo inicial del uso para atraer clientes y permitir una adaptación de la industria al nuevo combustible, mientras que la empresa privada va a operarla cobrando por el servicio y devolviendo el préstamo que el gobierno ha hecho para la construcción de la obra durante el plazo de amortización, que termina en 2055. Así de claro.

En tercer lugar, porque la colaboración entre el gobierno y la industria privada demuestra que las teorías económicas de John M. Keynes, el padre de la teoría económica que permitió recuperarse a EE.UU. de la Gran Depresión de 1930, ganar la Segunda Guerra Mundial y reconstruir Europa hasta 1970, siguen vigentes en 2024, en nada menos que el país motor de la Unión Europea. Su teoría sostiene que solamente la colaboración del Estado y la actividad privada son el motor del desarrollo, no la actividad de individuos o entidades aisladas, políticas o empresarias, viviendo sus propias fantasías al margen de la evolución del mundo.

Obviamente, lo energético es uno de esos tópicos que demanda una política clara y decisiva del estado, dado el alcance nacional de sus decisiones a futuro, más allá de los gobernantes de turno, tal como lo demuestra la experiencia alemana. Qué papel darle a Vaca Muerta de cara al futuro es, por lo tanto, una decisión de estado, no de grupos interesados solamente en las oportunidades de hacer negocios.

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