Descubren restos prehispánicos tras el derrumbe de una barranca
El hallazgo se produjo en el distrito Potrero y fue rescatado por especialistas. Los restos son de más de 1.700 años.
Un enterratorio prehispánico de más de 1.700 años de antigüedad fue descubierto en el distrito Potrero, a pocos kilómetros de la ciudad de Andalgalá, luego de que el desmoronamiento de una barranca dejara al descubierto restos humanos en una propiedad privada.
El hallazgo motivó un operativo de rescate arqueológico encabezado por el Museo Arqueológico Provincial “Samuel Alejandro Lafone Quevedo”, con la participación de vecinos vinculados a la preservación del patrimonio.
El propietario del lugar, Juan Ocampo, dio aviso inmediato al advertir la presencia del esqueleto expuesto, lo que permitió la rápida intervención de los especialistas. “Inmediatamente procedió este señor a avisarnos al museo, ya intuían que se trataba de un hallazgo antiguo”, explicó el director del museo, David Álvarez Candal.
Los trabajos de recuperación se extendieron durante varios días y confirmaron que se trata de un individuo juvenil o adulto, cuya edad y sexo aún deberán determinarse mediante estudios específicos. Sin embargo, uno de los rasgos más llamativos fue la deformación del cráneo, característica que permitió identificar su origen prehispánico. “El cráneo tenía una deformación común en los pueblos indígenas de la región, lo que se llama técnicamente deformación tabular erecta”, precisó Álvarez Candal.
El especialista detalló que esta modificación era intencional y se realizaba desde la infancia. “Se produce por la presión de una venda y una tabla colocada en la cabeza del bebé. A medida que el individuo crece, el hueso toma esa forma”, explicó y agregó que esta práctica podía responder tanto a cuestiones culturales o identitarias como a formas de crianza. “A veces tenía que ver con aspectos estéticos propios de las tribus y otras con la manera de sujetar a los niños en cunas rígidas”, señaló.
En cuanto al contexto del hallazgo, el cuerpo fue encontrado con el rostro orientado hacia el cielo, la columna en sentido este-oeste y las piernas flexionadas, una disposición que, según los investigadores, coincide con otros enterratorios registrados en la zona décadas atrás. “Nos recordó mucho a un hallazgo que se produjo hace unos 26 años en una finca cercana, correspondiente a los primeros pueblos agrícolas de la región”, indicó el arqueólogo.
Si bien en esta oportunidad se encontraron escasos fragmentos cerámicos, la disposición del cuerpo y las características del entorno incluyendo rocas apiladas y evidencias de fogón refuerzan la hipótesis de un contexto ritual. “La cerámica es uno de los principales indicadores cronológicos, aunque en este caso había pocos fragmentos”, explicó Álvarez Candal.
Los restos fueron trasladados al museo, donde serán sometidos a estudios de laboratorio para profundizar su análisis. “Ahora debemos realizar la antropología biológica del individuo, determinar su edad, sexo y otros aspectos que nos permitan reconstruir la vida de estas poblaciones que no dejaron escritura”, detalló.
Desde la institución remarcaron la importancia de la intervención profesional y el cumplimiento de la normativa vigente ante este tipo de descubrimientos. Asimismo, destacaron el rol de la comunidad en la preservación del patrimonio cultural.
El hallazgo aporta nueva información sobre las prácticas funerarias de las comunidades originarias del Noroeste Argentino y vuelve a poner en valor la riqueza arqueológica de Andalgalá, una región que continúa ofreciendo claves para comprender su pasado milenario.