miércoles 26 de enero de 2022

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Editorial

Una aberración todavía vigente

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3 de diciembre de 2021 - 00:00

Cuando se alude a la esclavitud, hay una inevitable tendencia a asociar el concepto con épocas oscuras de la humanidad, con aberraciones pretéritas que alimentan los libros de historia pero de ninguna manera las noticias de la actualidad. Es un error. Porque si bien el concepto clásico de esclavitud, practicado y tolerado durante milenios y hasta el siglo XIX por culturas presuntamente civilizadas, hoy genera rechazos (casi) unánimes, subiste en nuestro tiempo regímenes muy similares a la esclavitud, que restringen y hasta anulan la libertad de las personas.

Es necesario reflexionar sobre este tema de manera permanente, pero particularmente en estos días, porque los 2 de diciembre de todos los años se celebra el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, en conmemoración del 2 de diciembre de 1949, fecha en la que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el Convenio para la represión de la trata de personas y la explotación ajena, precisamente dos de las modernas formas de la esclavitud.

Según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 40 millones de personas en todo el mundo son víctimas de la esclavitud moderna. La gran mayoría de ellas padecen regímenes de trabajo forzoso, situaciones de explotación a las que no pueden escapar debido a abuso de poder, violencia, engaño, amenazas o coerción. Hay, también, mujeres que pueden considerarse como víctimas de una forma moderna de esclavitud: son las que están sometidas a matrimonios forzosos, muchas de ellas niñas o adolescentes.

Otras organizaciones consideran al trabajo infantil como una forma de esclavitud moderna porque, aunque no anula totalmente la libertad de la persona, constituye un abuso laboral contra una persona que no debería estar trabajando sino educándose y jugando. Con este criterio, el número de “esclavos modernos” subiría drásticamente, considerando que aproximadamente 150 millones de niños están sometidos a estas actividades. Hay, incluso, formas más aberrantes de sometimiento de niños, tal el reclutamiento forzoso de chicos para su utilización en conflictos armados.

Todas estas formas de esclavitud moderna son una afrenta a los valores de la libertad, la igualdad y la dignidad de las personas. Son, casi en sus totalidad (salvo el matrimonio infantil que, increíblemente, está legalizado en algunos países), además de inmorales, ilegales. Y aunque Argentina pueda jactarse de ser uno de las primeras naciones del mundo en abolir la esclavitud hace 200 años, y de tener en la mayoría de los aspectos relacionados con estas prácticas legislación actualizada y moderna, lo cierto es que también en nuestro territorio hay situaciones de explotación inaceptables, en las que las víctimas son por lo general mujeres niños y trabajadores en situación de vulnerabilidad extrema.

Si las leyes para combatir estas situaciones están, entonces es hora de lograr mayor eficacia en los controles y las eventuales sanciones.

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