jueves 11 de abril de 2024
Análisis

¿Toda la Justicia?

Por Rodrigo Morabito (*)

Es una cuestión prácticamente generalizada en la población o en los sectores públicos del Estado, que cada vez que ocurre un episodio a donde aparece involucrado un agente de la justicia se generalice la opinión y se endilgue ese suceso a todos los miembros de la justicia. “Toda la justicia”, es un término muy generalista e injusto, además de insostenible.

Ahora bien ¿a qué viene esto que afirmo? A lo siguiente.

Por estos días se informó que una jueza de Niñez, Adolescencia y Familia de Villa Ángela, provincia del Chaco insultó y amenazó a un albañil que le estaba reclamando el pago de unos trabajos que le había realizado en su domicilio.

Los términos utilizados por la magistrada (que por cierto son absolutamente repudiables) fueron: “son cuatro negros de mierda", "planero", "te encajo un tiro en la cabeza" “te meto en cana toda la feria”, “yo manejo el poder”, “para que voy a discutir con un burro”, “sos un burro”.

Evidentemente, los audios se viralizaron escandalizando a todo un país y las opiniones no tardaron en llegar en contra de “toda la justicia”.

Aclaro algo de antemano para evitar fastidios innecesarios; esto que diré no es una defensa corporativa ni nada que se le parezca, muy por el contrario, es la pura realidad, simplemente porque en la justicia trabajan a diario muchas personas honestas y comprometidas.

En efecto, en el Poder Judicial trabajan personas que también dejan (como muchas otras de los distintos poderes del Estado) a sus familias y sus quehaceres personales para darle una solución a la ciudadanía, me refiero a muchos magistrados/as, funcionarios/as y empleados/as desde las más altas esferas del Poder Judicial hasta los estamentos u oficinas judiciales más inferiores; pues el tiempo en la justicia siempre es poco, nunca alcanza y el trabajo debe continuar en el hogar.

Emitir una sentencia, efectuar un dictamen, preparar una acusación o una defensa o en otras palabras investigar, defender y juzgar, requieren horas de trabajo y no siempre (o mejor dicho casi nunca) alcanza con las horas de la oficina. Ese trabajo continúa en horas de la tarde o en el domicilio.

Quizás sería necesario comenzar a destacar este otro costado de la justicia y no solo el crítico o el que no me gusta, como también evitar el meter (como se dice vulgarmente) a todo el mundo en la misma bolsa cada vez que se opina, ya que ello es incorrecto e infundado, carente de sustento.

Desde otro aspecto, también debo destacar desde un punto de vista muy objetivo que la justicia nunca debe olvidar cuán difícil es ser justo y fácil ser injusto, qué trabajo demanda solucionar los conflictos y también cuán peligroso es su abuso de poder como ocurre en muchos casos que en la actualidad son informados, siendo el aquí mencionado tan solo uno de ellos. Esa debe o debiera ser la grandeza de sociedades cómo la nuestra: después de siglos, a través de discusiones, polémicas, también errores, interrogarse sobre la manera en que la justicia debe ser dicha, es decir practicada. La justicia –hablo aquí de la institución- sirve eventualmente al despotismo si quienes la ejercen y aquellos que ella misma protege no tiene el coraje de problematizarla; pero también, si con igual énfasis no tienen el coraje para enaltecerla y defenderla.

La justicia siempre será el único camino para la solución pacífica de los conflictos, con sus errores y sus aciertos, ergo, el Estado democrático de derecho y el sistema republicano de gobierno han establecido a la justicia como un sistema de intervención equilibrado para el abordaje de los problemas que se generen en la sociedad; de allí, que la misión prioritaria o mejor dicho la principal política de Estado por parte de un país siempre debe o debería ser a la par de problematizarla para mejorarla; también protegerla y enaltecerla en los múltiples aspectos positivos y soluciones que a diario le brinda la ciudanía a través de las personas (judiciales) que todos los días amanecen y se dirigen a su trabajo pensando en un Estado más justo y equitativo que le dé una solución a los ciudadanos y las ciudadanas; en especial a los más vulnerables.

En definitiva, la justicia y quienes trabajan en ella, tienen la ardua misión de proteger al Estado democrático de derecho y al sistema republicano de gobierno a través de su principal herramienta que es la ley; siendo una de las misiones más honoríficas que existen, por ende, cuando a la justicia se la critique quizás por muchas cuestiones por demás razonables, también se la debería proteger y enaltecer por muchas cuestiones igual de razonables, pues los malo de la justicia, no significa que sea “toda la justicia”.

(*) Juez de Cámara de Responsabilidad Penal Juvenil

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