jueves 2 de abril de 2026
Editorial

Secuelas de la pandemia y de la desigualdad

Una de las tantas secuelas que dejó la pandemia por Covid-19, ahora mejor analizadas e incluso cuantificadas, se vinculan con los trastornos en la salud mental de la población. La afectación se produjo en todos los países básicamente por el aislamiento prolongado y por el fallecimiento de seres queridos, pero tiene, sin embargo, sus particularidades por naciones y por regiones.

Un informe recientemente publicado por la Organización Panamericana de la Salud consigna que durante 2020, el primer año de la pandemia, el trastorno depresivo mayor aumentó 35% y los trastornos de ansiedad 32% en América Latina y el Caribe.

"Los datos de la primera etapa de la emergencia sanitaria generaron un aumento de las afecciones de salud mental prevalentes en la región. Entre ellas, la depresión y la ansiedad. La pandemia también provocó interrupciones sin precedentes en los servicios de salud, incluyendo los servicios de salud mental cuando más se necesitó de ellos", señala el escrito.

Si bien la pandemia agudizó los problemas, la crisis de la salud mental empezó en América Latina y el Caribe antes de 2020. La tasa de suicidios es un criterio eficaz para valorar el estado de la salud de la población en un lugar preciso en un periodo determinado. Las estadísticas indican que a escala mundial la tasa de suicidios ha descendido en lo que va del siglo XXI, con un leve incremento desde 2020. Pero en la región de América Latina y el Caribe en las últimas dos décadas se ha incrementado en aproximadamente un 17 por ciento. Argentina registra también esa tendencia, ubicándose en el noveno lugar del continente: la tasa de suicidios en el país es de 8,1 cada 100 mil habitantes.

La Organización Panamericana de la Salud identifica dos causas principales en este fenómeno. Por un lado, el envejecimiento de la población, que se debió a mejores condiciones de vida en los países en los primeros 15 años de este siglo por un moderado crecimiento económico, que luego decayó. La población con más edad tiene más propensión al suicidio.

Y la otra gran causa es la desigualdad. América Latina y el Caribe es la región más desigual del mundo: el 50% más pobre de la población se lleva el 10% de los ingresos, mientras el 10% más rico recibe el 55%. La desigualdad afecta particularmente a los más jóvenes, que en muchos casos no visualizan una perspectiva de vida futura. El informe sostiene que el "uso y abuso de drogas también empeora el tema", del mismo modo que el consumo de alcohol, sustancia que es responsable del 5,5% de todas las muertes en la región. El consumo problemático de drogas y excesivo de alcohol son también problemas mentales.

Como puede observarse, pasada la pandemia los trastornos subsisten, aunque tienden a disminuir. Pero en nuestros países existen otros factores que gravitan para que el panorama de la salud mental sea muy preocupante. Las acciones exclusivamente centradas en lo sanitario son insuficientes; se necesitan, además, transformaciones estructurales que le permitan a los ciudadanos, especialmente los más jóvenes, tener un horizonte de vida digna.

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