La victoria judicial que obtuvo el intendente Guillermo Ferreyra con el fallo que lo habilita para ir por un tercer mandato en Fray Mamerto Esquiú viró a derrota política en el lapso de una semana.
La victoria judicial que obtuvo el intendente Guillermo Ferreyra con el fallo que lo habilita para ir por un tercer mandato en Fray Mamerto Esquiú viró a derrota política en el lapso de una semana.
Circunscriptos en un principio a la dirigencia de la comuna, los rechazos se generalizaron luego de una reunión que legisladores oficialistas mantuvieron con el gobernador Raúl Jalil, la senadora nacional Lucía Corpacci y el vicegobernador Rubén Dusso una semana después de que Ferreyra anunció que estaba en condiciones de competir por un tercer período. El senador por la Capital Maximiliano Brumec ofició de vocero del encuentro y desautorizó la jugada con un ejemplo hiriente para el jefe municipal.
“Lucía Corpacci, con todos los números a su favor y pudiendo ser reelecta decidió dejar su lugar. Jalil manifestó que con un mandato y una reelección es suficiente. Ese es el concepto de quienes nos conducen, de dar lugar a personas jóvenes, apuntar a un recambio generacional”, dijo.
La definición precipitó los pronunciamientos en contra, cuya demora era comprensible: la audacia de la movida de Ferreyra inducía a suponer que contaba con algún guiño de la cúpula oficialista.
El tinogasteño Sebastián Nóblega y el belicho Daniel “Telchi” Ríos, dos de los tres intendentes que podían aprovechar el resquicio para una segunda reelección consecutiva en contra de sus Cartas Orgánicas, anticiparon que las acatarán. La diputada Verónica Mercado, que sus aspiraciones tiene en Fray mamerto Esquiú, pidió aclaraciones a la Corte de Justicia. El intendente capitalino Gustavo Saadi, que todavía tiene margen para una reelección, despegó también.
Ferreyra quedó solo con la bandera de la reelección indefinida para todos.
Que Brumec recurriera al ejemplo de Corpacci fue un golpe certero. Incongruencia insalvable: Ferreyra era el secretario de Gabinete de Corpacci cuando ésta, en ejercicio de la Gobernación, promovió la reforma de la Constitución Provincial para erradicar “privilegios de la política” entre los que las reelecciones indefinidas están a la cabeza, comenzando por la del Gobernador. Solo Catamarca, Formosa y Santa Cruz mantienen el instituto.
La inconsistencia de Ferreyra, sin embargo, marca la inconsistencia del sistema institucional catamarqueño en general. Paradójicamente, los intendentes y concejales de los municipios con Cartas Orgánicas son los únicos que carecen de la ventaja de la reelección indefinida en la casta política catamarqueña.
La Ley de Municipalidades, por la que se rigen los municipios sin Carta Orgánica, limita explícitamente a dos los mandatos consecutivos habilitados para los intendentes, pero el de Pomán, Francisco Gordillo, consiguió en 2007 una sentencia que declaró inconstitucional el impedimento y está al mando de la comuna desde 1999: 23 años, el lord mayor catamarqueño más veterano.
Quien habilitó a Ferreyra en primera instancia, en noviembre pasado, fue el juez Electoral y de Minas Guillermo Cerda, ante una presentación que el intendente había hecho con todo sigilo mientras se desarrollaba el proceso electoral. La sentencia del magistrado, que la emitió poco antes de jubilarse, es coherente: él fue quien estableció el precedente Gordillo en 2007, tras el cual se enfilaron desde entonces todos los intendentes sin Carta Orgánica para perpetuarse en sus cargos.
Eran tiempos de Gobierno radical, Eduardo Brizuela del Moral iba por su reelección acompañado por Lucía Corpacci como candidata a vicegobernadora. A ningún compañero se le ocurrió entonces objetar la sentencia favorable a Gordillo, que pasó como por un tubo. Tampoco se ha reformado la ley Orgánica de Municipalidades que contiene el inconstitucional artículo, para lo que no se requieren las mayorías calificadas que exige la enmienda de la Carta Magna.
Conclusión: el estímulo para sancionar Cartas Orgánicas municipales es en este momento nulo.