Ortodoxia. Las medidas económicas que plantea Javier Milei ya se han
Si alguien suponía que en su discurso a poco de asumir Javier Milei iba a lucir más moderado, relativizando las secuelas de corto y mediano plazo que producirán sus primeras medidas en materia económica, se equivocó. Pronosticó, ante los seguidores que se acercaron a la Plaza de los dos Congresos, una vez más que se viene una etapa de fuerte recesión de la economía y de incremento de la inflación, la pobreza, la indigencia y el desempleo.
El flamante gobierno de Milei asoma como fundacional, aunque las ideas que pregona no tengan nada de nuevas. Lo novedoso tiene que ver con su particular estilo político histriónico, su irrupción meteórica desde el llano hasta lo más alto del poder, su adhesión a los que denomina anarcocapitalismo, su no pertenencia a ninguna de las fuerzas tradicionales y su franqueza al hablar de la intención de implementar un ajuste salvaje, con la metáfora de la motosierra como emblema. Pero por lo demás, las medidas económicas que plantea ya se han implementado en la Argentina en reiteradas ocasiones -aunque nunca a modo de un shock tan brutal- y con muy malos resultados.
Su promesa de que luego del durísimo ajuste, que afectará principalmente a asalariados y pequeñas y medianas empresas ligadas al mercado interno, vendrá una etapa de crecimiento económico, no ha sido muy creativa. Es como “el segundo semestre” de Mauricio Macri, o su “luz al final del túnel”. Pero para corroborar que no se trata de formulaciones novedosas –sufrir hoy para gozar mañana-, basta con recordar una frase de intencionalidad similar. La formuló hace 64 años Álvaro Alsogaray, ministro de Hacienda de Arturo Frondizi: “Hay que pasar el invierno”.
Cinco años antes, durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, el ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena llevó adelante una política económica liberal que se sustentó en un fuerte endeudamiento externo. Las clásicas políticas liberales de ajuste, con caída de los salarios y aumento de la desocupación, tuvieron además como representantes a Roberto Alemann –también durante el frondicismo-, José Alfredo Martínez de Hoz (1963), otra vez Krieger Vasena (1967-1969) y José María Dagnino Pastore (1969-1970).
El plan económico de la dictadura tuvo fuerte anclaje en una mirada neoliberal de la economía y entre sus mayores exponentes otra vez a Martínez de Hoz y luego a sus sucesores Lorenzo Sigaut, Roberto Alemann, José María Dagnino Pastore y Jorge Wehbe.
Se viene un durísimo ajuste, que afectará principalmente a asalariados y pequeñas y medianas empresas ligadas al mercado interno
Ya más cerca en el tiempo, con la recuperación de la democracia, las políticas libremercadistas ortodoxas se manifestaron durante el gobierno de Carlos Menem, con Domingo Cavallo como ministro, con Fernando de la Rúa y en la gestión de Cambiemos (2015-2019).
En todos los casos, la retirada del Estado de la regulación de la economía y la preponderancia de las reglas del juego del mercado redundaron en un crecimiento desmedido del endeudamiento externo, caída de los salarios y la actividad industrial y aumento de la pobreza, la indigencia y la desocupación.
El fracaso del gobierno de Alberto Fernández en la lucha contra la pobreza y la inflación generaron lógicas expectativas de cambio. Javier Milei, con estilo heterodoxo pero ideas económicamente ortodoxas, supo interpretar ese clima de fin de época mejor que nadie, logrando escalar a un ritmo vertiginoso hasta convertirse en el presidente del cambio. La paradoja es que lo que ofrece en materia económica son las clásicas recetas liberales, las mismas de siempre.
Lo único distinto que ofrece es la velocidad de las transformaciones: no habrá gradualismo y el ajuste será brutal. Nunca nadie se animó a tanto.