jueves 13 de enero de 2022

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Editorial

Matones con uniforme

Tal vez sea demasiado pedirle a los efectivos de la Policía de Catamarca que sean expertos...

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7 de diciembre de 2021 - 02:10

Tal vez sea demasiado pedirle a los efectivos de la Policía de Catamarca que sean expertos en relaciones públicas o que practiquen una amabilidad de vendedor ambulante ofreciendo su mercadería en la vía pública, pero al menos se le debe exigir que no se exhiban como enemigos a las personas a la que deben proteger o que no actúen con la prepotencia de matones con armas y uniformes que le proveen los propios ciudadanos a los que suelen maltratar, sin causa alguna o, a partir de algún incidente protagonizado por otros, excediéndose largamente en las competencias que las leyes vigentes les asignan.

La reflexión viene a cuento de la viralización de un video en el que se observa a efectivos policiales emprendiéndola a golpes este fin de semana contra jóvenes de ambos sexos a la salida de un boliche. No son novedad los incidentes en la zona de Alto Fariñango los sábados o domingo a las madrugadas, como tampoco lo son las denuncias de brutalidad policial que se producen luego de estos incidentes sin que nadie -ni la policía ni la Justicia- investigue a fondo como es debido, no solamente para castigar a los culpables sino también para evitar que este tipo de abusos siga ocurriendo.

No hace falta decir que en la salida de los locales bailables es muy fácil encontrar a jóvenes -y no tan jóvenes- pasados de copas o quizás de alguna otra sustancia, dispuestos a dirimir cualquier desavenencia a los golpes, pero eso no puede ser argumento de la fuerza de seguridad para justificar la reacción violenta y para nada profesional de sus efectivos, masculinos y femeninos también. La policía debe prevenir incidentes, no generalizarlos cuando se inician. Algunos efectivos cumplen su función con profesionalismo, pero muchos no.

Parece ser lección aprendida en vaya a saber cuál capacitación que a los jóvenes que concurren a los centros de diversión la policía los debe considerar de entrada, incluso antes de que ingresen al boliche, como sospechosos que deben demostrar su inocencia, sobre todo si son morochos y vestidos con ropas humildes. La mala predisposición inicial desencadena en cualquier momento, ante cualquier reacción airada de algún civil, una gresca de proporciones que termina con éste y sus amigos presos en una comisaría y escrachados en el parte policial que luego se difunde, cuya coincidencia con lo que sucede en la realidad es habitualmente inexistente. En el parte policial las víctimas siempre son los policías, y los arrestados, agresores impiadosos de los uniformados. Aunque los moretones y las heridas están siempre del lado de los civiles.

Se ha insistido hasta el cansancio respecto de la necesidad de que los policías reciban capacitación en la instrucción específica de la labor que cumplen, en conocimientos de las normas, en derechos humanos, y en género, acorde a la responsabilidad social que asumen cuando se calzan el uniforme, y exhiban aptitudes físicas y psicológicas que los hagan digno del cargo. Habrá que agregar también capacitación en la redacción de los partes policiales, para que el contenido coincida con lo que efectivamente sucedió.

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