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Algo en qué pensar mientras lavamos los platos

Las vueltas de la vida

Por Rodrigo L. Ovejero
18 de diciembre de 2023 - 09:36

Al universo no le falta ironía, de alguna manera todo el polvo estelar que liberó el bigbang se acomoda de vez en cuando para regalarnos encadenamientos de circunstancias y sucesos con un nivel de mordacidad tan grande que nos llevan a decir una de las frases más pintorescas y expresivas del idioma castellano: las vueltas de la vida.

La idea de que la vida -así, separada incluso de cada uno de los individuos que la componen, como si fuera un ente distinto de ellos- puede andar y desandar caminos hasta volver al punto de origen o alcanzar destinos desconocidos y de llamativa existencia, me resulta poética y poderosa. Todos hemos vivido experiencias al cabo de las cuales, con resignada sabiduría, hemos pronunciado esta frase, incapaces de otra reacción ante las acrobacias del destino.

Lo que me maravilla de esta máxima es que requiere circunstancias de improbable ocurrencia, y que remite a aspectos mágicos y misteriosos de nuestra existencia. Es mucho más bella y simpática que la frase las cosas de la vida, la cual puede pronunciarse ante contrariedades de cualquier clase, sin que concurran elementos asombrosos o fuera de lo común. Se nos muere un perro, o nos quebramos una pierna, por ejemplo, y decimos son las cosas de la vida, pero si aparece a la vuelta de casa un perro que perdimos hace años o nos quebramos una pierna inmediatamente después de hacer un gol que nos consigue un triunfo ansiado decimos las vueltas de la vida. Las vueltas de la vida son más divertidas e interesantes que las cosas de la vida.

Uno de los usos más precisos de esta frase se encuentra en Corazones en la Atlántida, unos de los libros más hermosos de Stephen King. En un momento uno de los protagonistas, ante una herida de guerra en Vietnam, reflexiona acerca del destino de un amor perdido en los movimientos del flowerpower en EEUU y lo disímiles de sus destinos, y allí King escribe estas palabras y suenan más ajustadas que nunca.

Y para terminar quería recordar un ejemplo perfecto de lo que son las vueltas de la vida. En la década del noventa Jorge Guinzburg y Horacio Fontova hacían un programa cómico muy divertido llamado Peor es nada, con parodias y entrevistas. En una ocasión, en un sketch, se burlaban de Kiss, la famosa banda de rock, utilizando uno de sus estribillos más pegajosos para cambiarle la letra y atribuirle de tal manera a los integrantes del grupo el apelativo cruel de viejos chotos. No me resultó muy gracioso entonces, aunque debo reconocer que la rima era picaresca. Sin embargo, con el paso de los años el sketch empezó a tomar otra dimensión cuando Guinzburg y Fontova murieron en 2008 y 2020, mientras que Gene Simmons y AceFrehley, la columna vertebral de Kiss –una columna ya aquejada de lumbago, claro-estuvieron dando conciertos hasta este año. He allí, las vueltas de la vida.

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