Acusaciones cruzadas, amenazas de sanciones disciplinarias y catarsis doctrinarias fueron insuficientes para disimular la grieta madre que reagrupa la fragmentación del radicalismo.
Acusaciones cruzadas, amenazas de sanciones disciplinarias y catarsis doctrinarias fueron insuficientes para disimular la grieta madre que reagrupa la fragmentación del radicalismo.
La Unión Cívica Radical de Catamarca comparte penurias con la nacional, pero la herida narcisista de su tragedia se agiganta por el precedente de haber sido un faro de pragmatismo y eficacia que logró gobernar la Provincia durante dos décadas, surfeando los agitados vaivenes de la política nacional entre Carlos Menem y Cristina Kirchner, sobreviviendo durante dos períodos al trauma que significó el colapso de la Alianza.
Desplazada del poder en 2011, sus dirigentes nunca acertaron con una estrategia que les permitiera compensar las potencias vacantes que dejaron Eduardo Brizuela del Moral y Oscar Castillo. El año pasado, acentuó el cuesta abajo en la rodada con una derrota ante los libertarios, que la desplazaron al tercer lugar.
La dirigencia boinablanca se divide entre quienes pugnan por pactar con La Libertad Avanza y quienes quieren concurrir al medio término aparte. Es la fractura de la peluca frente al abismo de la disolución, con encuestas que consignan un derrumbe catastrófico de la intención de voto al sello partidario.
Unidos con el PRO, los radicales no llegan al 9%, en parda con la categoría “otros espacios”, apenas tres puntos por encima del voto en blanco. La polarización entre el Gobierno provincial y el partido de Javier Milei es brutal.
El diputado provincial Tiago Puente, desertor del castillismo residual agrupado en la línea Celeste, es el pionero de los empelucados ya desde antes del fracaso del año pasado. Se le suman los sectores del senador nacional Flavio Fama y el diputado nacional Francisco Monti.
El bando quedó claramente diferenciado en el debate del domingo frente a una entente que conforman el presidente del partido, Alfredo Marchioli, con las líneas Celeste, Morada, Movimiento Renovador y MIRA.
La jefatura de Marchioli está escorada, pero lo respalda la inercia de las líneas más tradicionales. Es una alianza en defensa propia que apunta a retener el sello del partido contra la arremetida del ala filo-libertaria en las internas, que serán el 16 de marzo.
Puente, Fama y Monti podrían intentar dar la batalla partidaria, pero en cualquier caso ya juegan en pos de aliarse con La Libertad Avanza, en gran medida porque eso les permitiría mezclarse en las listas y evitar que les cuenten las costillas. Les advierten a sus antagonistas sobre los riesgos de ser arrastrados por el alud libertario.
En las elecciones del año pasado, La Libertad Avanza obtuvo cinco bancas de diputados contra solo cuatro de Juntos por el Cambio, de las cuales una, la de Natalia Saseta, pertenece al PRO. De tal modo, el radicalismo solo logró tres escaños.
El año que viene pone en juego 8 bancas, más una del PRO. Cada uno de los diputados radicales que concluyen mandato, entre los que está Marchioli, pertenece a una línea diferente.
La pelea es más encarnizada debido a la baja de las expectativas. Con la referencia del año pasado, hay que entrar entre los primeros cuatro y encima está el cupo femenino.
Esto, sin haber abordado todavía otro elemento. Entre las bancas opositoras que terminan el año pasado está la del peronista disidente Hugo Ávila, quien seguramente no hará alianzas gratis.
Los libertarios también tienen sus divergencias, por supuesto, pero cuentan con el viento de cola de la gestión nacional. Si no se manca antes de octubre, Javier Milei será otra vez el gran impulsor de la oferta provincial.