miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

El lastre de la especulación

En un nuevo capítulo de la tensa disputa con el presidente Alberto Fernández, Cristina Kirchner se pronunció el pasado lunes contra el “festival de importaciones”, que afecta la balanza de pagos y compromete las reservas del Banco Central. La vicepresidenta se refirió a lo que se denominan “importaciones especulativas” (para acumular stock y protegerse de una posible devaluación o aprovechar el doble tipo de cambio, con posibles maniobras de sobre y sub facturaciones) y no a todas las importaciones. Y le adjudicó la responsabilidad a un “Estado estúpido”, que no controla debidamente. En ese contexto, pidió mayor coordinación entre la Aduana, la AFIP y la Secretaría de Comercio, el Banco Central y el Ministerio de Producción que desde hace pocos días conduce Daniel Scioli.

Los controles no son fáciles de realizar pero tampoco es una misión imposible. Hay que focalizar la atención en un número reducido de empresas, porque en nuestro país 600 empresas concentran el 75% de las importaciones, mientras que el resto de las decenas de miles de firmas solo aportan el 25% restante.

Las importaciones han crecido en el primer cuatrimestre del 2022 un 41,6% respecto del mismo periodo del año pasado. Las exportaciones también crecieron a un ritmo importante, pero menor: 28,5%. El saldo de la balanza comercial sigue siendo positivo en el periodo enero-abril, 2.830 millones de dólares, pero la brecha se ha acortado, lo cual encendió las alarmas. Este año es muy probable que se registre el récord histórico de exportaciones, pero si las importaciones siguen expandiéndose, el superávit será insuficiente para engrosar reservas.

Hay tres tipos de causas que explican el aumento de las importaciones: la ya mencionada especulativa, el incremento del precio de la energía y el crecimiento económico del país, que demanda insumos y bienes de capital (maquinarias, por ejemplo) para poder acompañar la expansión. La primera es nociva para el país, la segunda es inevitable en un contexto global condicionado por la guerra en Rusia y Ucrania, y la tercera es virtuosa, pues impulsa aun más el crecimiento futuro y lo hace sustentable.

La importación de bienes finales es, actualmente, a diferencia de lo ocurrido durante el gobierno de Cambiemos, cuando hubo una apertura casi indiscriminada en algunos sectores, de escaso impacto: explica solamente el 10% del total y está en descenso. Este es un buen dato, porque si aumentase complicaría la producción nacional de esos bienes.

Argentina necesita de divisas como reservas, para hacer funcionar la economía y para pagar la deuda pública a acreedores privados y al FMI, que escaló notablemente entre 2016 y 2019. Cuidarlas, entonces, resulta imprescindible para garantizar no solo el financiamiento de la economía, sino la frágil estabilidad macroeconómica alcanzada en los últimos años. La clave es la generación de políticas destinadas a fomentar la producción y a combatir la especulación financiera, que siempre ha sido un lastre para la economía nacional.

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