jueves 24 de noviembre de 2022

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Editorial

El "escrache" como último recurso

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En diciembre de 2018, la actriz Thelma Fardín denunció públicamente al actor Juan Darthés por haberla abusado sexualmente cuando ambos compartían el elenco de la serie “Patito feo”. Fardín era menor de edad cuando ocurrió el hecho. Su denuncia fue una bisagra para la lucha feminista, ya que a partir de su crudo testimonio miles de mujeres en todo el país tomaron coraje y decidieron sacar a la luz las historias de abusos sexuales sufridos y que habían sido callados por temor o por la decisión de evitar caer en la burocracia del sistema judicial que, en la mayoría de los casos, arrastra hacia la revictimización.

Este cúmulo de denuncias y acusaciones fue denominada la “ola verde”.

Catamarca no estuvo exenta de esta realidad y hubo un efecto dominó con “escraches” a través de las redes sociales en los que se identificaba al denunciado y en los que se incluían relatos desgarradores de los ataques sexuales. Los apuntados pertenecían a diferentes ámbitos. Desde la universidad y colegios, hasta trabajadores privados, espacios de militancia, el ámbito cultural, la familia y hasta los círculos de la amistad.

Una fracción de estos “escraches” llegaron a ser denunciados ante la Justicia y las causas se sustanciaron con diferente suerte. En ese contexto surgió la denuncia de Ingrid, quien acusó al sacerdote Moisés Pachado de haberla sometido cuando era una niña. La investigación prosperó, Pachado fue imputado por dos hechos de abuso sexual y en el camino fueron rechazados dos pedidos de prescripción. No obstante, con la muerte de Pachado –en junio pasado– la causa se cerró.

Ingrid pudo romper su coraza que la silenció durante dos décadas. Publicó una carta en su cuenta de Facebook y días después se presentó ante la Justicia. Acudió al sistema judicial y aceptó someterse a revivir el traumático pasado.

Pero no es la regla.

F –de esa manera será identificada– fue abusada por la pareja de su madre cuando tenía 6 años. Durante su infancia los ultrajes se repitieron.

“Yo cuando fui un poco más grande me di cuenta de que lo que había pasado no fue normal. Yo tenía mucho miedo en ese momento y me quedé mucho tiempo callada”, expresó.

Entre 2014 y 2015 hizo dos denuncias. La primera fue por la violación y la segunda porque el hombre la seguía en la calle. Su causa llegó a la Fiscalía de Instrucción N° 9 y quedó estancada.

“Para mí era muy agobiante que me dijeran que está en un lado, que está en otro, que la tiene tanto, que la tiene otro. Yo ya me cansé. Uno se termina cansando. Me harté de todo” detalló.

Bajó los brazos e intentó rearmar su vida pero seguía cruzándose en la calle a su agresor. Con la vía judicial ya agotada tomó coraje y decidió hacer un descargo en su cuenta de Facebook. Decidió “escrachar” a su abusador.

Su caso fue publicado por El Ancasti y provocó –ocho años después– que el expediente tuviera actividad. Ahora, la investigación está encaminada.

El escrache como forma de denuncia es cuestionado porque no llega a activar los mecanismos del Poder Judicial, sin embargo debe ser comprendido como último recurso cuando las víctimas de abusos sexuales y/o de violencia de género acuden en forma desesperada para visibilizar las terribles historias luego que la Justicia les diera la espalda.n

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