miércoles 13 de mayo de 2026
Cara y Cruz

Por otra profilaxis electoral

El kirchnerismo comienza a revalorizar la figura insigne de Alberto Fernández. Aunque sus referentes traten de disimular esta inconveniente añoranza, el inconsciente puede jugarles malas pasadas.

Algo así le pasó a la diputada bonaerense Teresa García, quien le admitió a la periodista Nacy Pazos que la idea es encontrar para las próximas elecciones “un nuevo Cámpora” que oficie de delegado de Cristina Kirchner, como debía hacerlo “el viejo Cámpora”, Héctor J., respecto de Juan Domingo Perón en 1973.

Alberto fue pensado en 2019 precisamente como “un nuevo Cámpora” que ejercería el vicariato del poder cristinista. Tras aquella maravillosa jugada comenzó a circular con insistencia la consigna “Alberto al gobierno, Cristina al poder”, versión contemporánea del “Cámpora al Gobierno, Perón al poder de los ‘70”.

Las diferencias entre ambos experimentos eran, por supuesto, muchísimas y serían muchas más en caso de que trataran de reproducirse el año que viene, pero es notorio cómo los cristinistas omiten los catastróficos resultados que tuvieron.

Trágicos en el caso de Cámpora, candidateado porque argucias de la dictadura que encabezaba Alejandro Agustín Lanusse le impedían a Perón postularse.

La izquierda peronista intentó instrumentar al delegado para condicionar a Perón, que lo desplazó sin miramientos. La muerte del líder significó la desaparición del único vestigio de legitimidad capaz de refrenar la violencia política, que se espiralizó y desembocó en el tenebroso Proceso de Reorganización Nacional.

Si Cristina necesita un Cámpora ¿por qué no Máximo? Qué no hubiera dado Perón por un hijo para prescindir de "Camporita". Si Cristina necesita un Cámpora ¿por qué no Máximo? Qué no hubiera dado Perón por un hijo para prescindir de "Camporita".

Lo de Alberto fue menos dramático, acorde a eso de que la historia ocurre primero como tragedia y luego como farsa. Lo dejaron permanecer en el cargo, pero despojado de todo poder. Cristina, la vicepresidenta, no quiso, no supo o no pudo desarrollar maniobras para suplantarlo y concedió al fin a Sergio Massa la posibilidad de ser candidato a Presidente.

La diferencia central entre las peripecias de Cámpora y Alberto es que Perón no podía ser candidato a Presidente y Cristina sí.

Perón estaba en efecto proscripto en 1973. Cristina no lo estaba ni en 2019 ni en 2023; no encabezó las listas por decisión propia, nadie le impuso apartarse. Ahora sí tiene el impedimento insalvable de estar condenada, presa y con causas pendientes.

Lo que García y otros ultracristinistas buscan no es “un nuevo Cámpora”, sino “un nuevo Alberto”. Aspiran a un dispositivo de profilaxis electoral para intentar retornar a la Presidencia por interpósita persona.

¿Por qué no Máximo? Que sea el jefe de una agrupación denominada “La Cámpora”, aparte de hijo de la líder proscripta, relevaría de muchas explicaciones.

Qué no hubiera dado Juan Domingo por contar con un vástago que le permitiera prescindir de “Camporita”. Se tuvo que conformar con ponerla a Isabel de vice.

Nancy Pazos no le preguntó a la diputada García los motivos por los que el primogénito de CFK no se lanza a ser el Cámpora de su madre. Tal vez por misericordia no se lo propuso con el menos glorificado Alberto.

El problema es que, con los precedentes del albertismo, no han de abundar los entusiasmados por ser instrumentos de Cristina. Entusiasmados competitivos, se entiende. De los otros, dispuestos a colgarse en cualquier desvarío, debe haber muchos. Incluido el propio Alberto, tan maltratado.

Si Cristina ya lo perdonó una vez, bien podría perdonarlo de nuevo para ponerlo en carrera. Sólo hace falta que le diga “cosas lindas” para que el otro desesperado se prenda a cualquier clavo al rojo vivo.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar