jueves 26 de marzo de 2026
Análisis

Cuando el bullying comienza en el jardín: la importancia de actuar a tiempo

Por Gabriela Laura Gáname (*)

En los últimos años, la problemática del bullying ha dejado de ser un tema exclusivo de la primaria o la secundaria para comenzar a visibilizarse desde mucho antes. Hoy sabemos que ciertas conductas que aparecen en el jardín de infantes —a los 3, 4 o 5 años— pueden ser los primeros indicios de situaciones de acoso que, si no se trabajan a tiempo, podrían intensificarse en etapas posteriores.

Es fundamental comprender que, aunque los niños pequeños no poseen aún la madurez emocional para sostener un comportamiento de hostigamiento prolongado y consciente, sí pueden reproducir acciones que lastiman a otros: burlas, exclusiones, empujones, sobrenombres o estrategias para aislar a un compañero. Estas conductas, aunque algunos adultos las minimicen calificándolas como “cosas de chicos”, pueden generar malestar, angustia y temor en quienes las reciben. Por eso, el nivel inicial se convierte en un espacio clave para detectar, intervenir y educar en convivencia.

Dentro del jardín, se observan distintos factores que pueden influir en la aparición de estas conductas: imitaciones de dinámicas familiares, exposición a modelos agresivos, dificultades para expresar emociones o límites poco claros. En este sentido, la labor docente resulta esencial. Los equipos educativos son quienes pueden advertir cambios en el comportamiento, llantos reiterados, retraimiento o rechazo hacia la escuela, señales que muchas veces revelan que un niño está atravesando momentos difíciles.

El trabajo pedagógico temprano permite enseñar a los niños a nombrar lo que sienten, a resolver conflictos sin violencia, a pedir ayuda y a reconocer cuándo una conducta afecta a otro. La construcción de vínculos saludables se inicia desde los primeros años, y es en este período donde la escuela tiene la oportunidad de formar cimientos sólidos basados en el respeto, la empatía y la cooperación.

Sin embargo, la tarea no recae solo en la institución. La familia cumple un rol fundamental. La comunicación entre padres y docentes, la escucha activa en casa y la observación cotidiana permiten detectar señales que muchas veces pasan desapercibidas. Hablar con los niños sobre lo que ocurre en la escuela, validar sus sentimientos y acompañarlos sin juzgarlos son acciones que marcan una diferencia enorme.

Abordar el bullying en el jardín de infantes no significa alarmar, sino prevenir. Significa comprender que cualquier conducta que lastima merece ser atendida, por más pequeña que parezca. Cuanto antes se intervenga, mayores serán las posibilidades de construir entornos escolares sanos, seguros y contenedores.

El nivel inicial es el primer pilar del camino educativo. Enseñar a convivir, a respetar las diferencias y a resolver conflictos de manera pacífica es una responsabilidad compartida que puede transformar no solo la experiencia escolar, sino también el desarrollo emocional de cada niño. La prevención del bullying comienza aquí, con miradas atentas, vínculos fuertes y una educación que forme personas empáticas y solidarias desde los primeros pasos.

(*) Lic. en Gestión Educativa

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