El último informe sobre el estado del clima mundial presentado por la Organización Meteorológica Mundial señala que el calentamiento global es una realidad mensurable que se acelera. Según el estudio, denominado Estado del clima mundial en 2025, la última década fue la más calurosa registrada.
El estudio manifiesta, con abundante constatación científica, que el planeta atraviesa un desequilibrio energético creciente, alimentado por concentraciones de gases de efecto invernadero en niveles inéditos.
Sin embargo, este tipo de informes globales no siempre son atendidos convenientemente por su aparente lejanía. La escala planetaria puede inducir a la inacción local, como si se tratara de un problema ajeno o diluido en estadísticas internacionales.
En provincias como Catamarca, el cambio climático es un proceso con manifestaciones concretas. El aumento sostenido de las temperaturas medias tiene implicancias directas en una geografía caracterizada por su aridez estructural. La intensificación de las olas de calor no solo eleva la demanda energética y tensiona sistemas ya frágiles, sino que impacta de lleno en actividades clave como la agricultura y la ganadería.
A esto se suma la creciente variabilidad de las precipitaciones. En una provincia donde los cursos de agua como los ríos El Tala o Del Valle cumplen un rol estratégico en el abastecimiento, la alternancia entre sequías prolongadas y lluvias torrenciales incrementa el riesgo de eventos extremos. Inundaciones repentinas en zonas urbanas del Valle Central, producto de un crecimiento urbano muchas veces desordenado, pueden convertirse en episodios cada vez más frecuentes, con consecuencias económicas y sociales significativas.
El impacto sanitario tampoco es menor. La advertencia en el informe de la Organización Meteorológica Mundial sobre la expansión de enfermedades como el dengue debe ser leída con especial atención en regiones del noroeste argentino. El aumento de temperaturas y la modificación de los regímenes de lluvias generan condiciones propicias para la proliferación del mosquito vector, ampliando zonas de riesgo y desafiando sistemas de salud que deberán adaptarse a escenarios epidemiológicos más complejos.
El retroceso de glaciares a escala global puede parecer un fenómeno distante, pero su correlato regional se traduce en menor disponibilidad de agua en cuencas que dependen de esos aportes. En Catamarca, donde el agua ya es un recurso escaso, cualquier alteración en su disponibilidad o calidad tiene efectos multiplicadores sobre la producción, el consumo humano y los conflictos sociales asociados a su distribución.
El informe, presentado la semana pasada, advierte que parte de las consecuencias del calentamiento es ya irreversible, lo que obliga a los países a adoptar medidas de mitigación o adaptación “mediante viviendas e infraestructuras resilientes, así como sistemas de salud capaces de responder a los riesgos del calor extremo.
Los gobiernos nacionales, pero también las gestiones locales, deben tomar conciencia de que el cambio climático no es un fenómeno del futuro sino del presente. Y cuanto más demora haya en asumirlo como tal, más costosa será la adaptación a un escenario cada vez más preocupante. n