En la reciente edición de la 18° Feria del Libro de Catamarca 2026 tuve oportunidad de asistir a la presentación de la Antología que motiva esta reseña.
Por Judith de los Ángeles Moreno
En la reciente edición de la 18° Feria del Libro de Catamarca 2026 tuve oportunidad de asistir a la presentación de la Antología que motiva esta reseña.
A cien años de la primera edición del Cancionero de Catamarca, y a través de un sugerente título Canto rodado. Coplas del Cancionero de Catamarca de Juan Alfonso Carrizo. Antología, Ariel Arturo Herrera Alfaro, coordinador primero de este proyecto de cátedra y luego del proyecto editorial, acompañado por las profesoras Luján Ale Maciel, Florencia Lastra y Florencia Ailén Leiva, quienes fueron sus alumnas en la asignatura Literatura Regional del Noroeste Argentino, cursada 2023 (Profesorado en Letras, FH, UNCA), nos proponen una interesante selección de coplas del Cancionero de Catamarca de Juan Alfonso Carrizo.La selección se referencia, justamente, en la primera edición de 1926.
Arturo Herrera Alfaro, en el Ensayo introductorio, haciéndose eco de la analogía común entre los estudiosos que ven a la copla como una piedra llevada por la corriente del río, llama a la copla “canto que rueda” (p.29). Sin duda, un acierto el haber optado por el cauce del ensayo para dar cuenta de su discurrir en libertad sobre la copla, sobre la valiosísima obra de Juan Alfonso Carrizo, sobre la índole o riqueza histórica de la copla en tanto composición(tras desmontar algunas aseveraciones admitidas o repetidas sin mayor análisis), sin tener que atarse a la minuciosidad de las referencias bibliográficas y, ante todo, “para aliviar al lector de tantos detalles” (p.7), propósito en el que coinciden las jóvenes colegas que integran el equipo. Los autores tienen muy presente la idea de que el lector constituye el punto de destino tanto de la reflexión como de la selección.
Pero conviene recordar que el ensayo es un género literario y quien lo cultiva en esta ocasión es alguien muy versado. Por un lado, la prosa de Arturo evidencia la precisión y la claridad que todo escrito expositivo requiere. Y, a la vez, va interlineando recursos estéticos propios del lenguaje literario (v.gr.: “De solo recordar aquellos momentos, miscenturtristialaetis, como escribió Ovidio”). Se refiere a las tareas de reedición del Cancionero de Catamarca emprendidas por el profesor José Horacio Monayar y a un grupo de sus alumnos de entonces, entre los que se encontraba Arturo. Esta cita, tan acertadamente escogida, nos dice acerca de esa mezcla entre la alegría y la tristeza que experimenta quien evoca aquellos momentos.
El reconocimiento a la tarea y a la figura tutelar del Prof. José Horacio Monayar como “gran divulgador de la obra de Juan Alfonso Carrizo” (p.8) concretado en el subtítulo “Un poco de memoria” es tan justo como necesario para conocimiento de las nuevas generaciones de estudiosos y de lectores. Como seguramente lo fue para Luján Ale Maciel, Florencia Lastra y Florencia Ailén Leiva.
La inclusión de las reseñas aparecidas en la prensa, apenas publicado el cancionero de Carrizo es un aporte de este prólogo-ensayo que agradecemos a la minuciosa búsqueda y perspicacia de su autor. Respecto del apartado “Generalizaciones sobre la copla. Deslinde”, se advierte una rigurosa argumentación que va rebatiendo y contra argumentando a estas generalizaciones ya instaladas sobre la copla y, en este movimiento, se van intercalando expresiones enfáticas que tienen (entiendo) la clara intención de manifestar la forma de pensar del autor. Dos ejemplos: “En estos contextos, aún no se ha contaminado(¡por suerte!) con ciertos vicios de políticos que suelen equiparar lo popular con el mal gusto y, de modo inverso, a las manifestaciones de pésimo gusto insisten en llamarlas populares para dignificarlas injustamente con la cultura popular auténtica.” (pp. 21-22), o afirmaciones concluyentes como: “El encomio superlativo allana todo relieve de verdadera ecuanimidad” (p. 22).
Otra apuntación respecto de la escritura literaria del Ensayo introductorio, es el cierre que retoma la cita de Ovidio, ahora el lector cuenta con la traslación al español y la referencia de la obra de donde fue tomada. No es la pretensión recargar el texto de erudición, sino conectar con una tradición legitimada (y con la que Arturo se identifica) y, al mismo tiempo, le viene de molde para manifestar su sentir y su agradecimiento.
La selección de las coplas encuentra su motivación en la definición de Luis Franco que, a continuación, transcribo: “En los cuatro versos de la copla, como en las cuatro cavidades del corazón cabe todo el sentimiento”. El criterio de selección también responde a un motivo más subjetivo: el gusto personal, como señalan Luján, Florencia y Florencia Ailén en el apartado titulado Nuestra selección. No dudo de que para ellas el convite a embarcarse en un proyecto de estas características implicó un aprendizaje, a la par que una tarea fructífera y muy placentera, como lo expresaron el día de la presentación en la Feria del Libro.
Párrafo aparte merece la cuidada edición del libro, en tanto objeto estético. Los colores, la incorporación de la reproducción de la tapa original de Antiguos Cantos Populares Argentinos, como si fuera un cuadro. En suma, un acierto la elección del marco de la obra, también.