jueves 26 de marzo de 2026
Análisis

Amiga, date cuenta

Por Basi Velázquez (*)

El 8M nos encuentra otra vez, con distintas actividades para conmemorar un día especial. Se trata de una jornada de reflexión sobre los logros alcanzados, el camino recorrido y las luchas por librar. Es indudable que las grandes reformas surgieron de las luchas sociales. Las conquistas de las mujeres marcaron hitos. Cada mujer que deja una huella está atravesada por una historia. Esa experiencia la impulsa a transformarse y a avanzar. No todas comparten el mismo destino; por ello, todas las mujeres son distintas.

En esas diferencias radica un gran potencial porque en éstas las debilidades son subsanadas por fortalezas. Es entonces, cuando el trabajo en equipo rinde sus frutos. No es tiempo de intereses mezquinos. Tampoco es momento de cuestionar a las “hermanas de lucha” por ideas o colores. “Si nos tocan a una, nos tocan a todas” debiera ser una verdadera frase. De nada sirve solamente apoyar las causas de quienes “piensan igual”, cuando aún queda mucho terreno por conquistar, dejando de lado a las que son diferentes.

Esas diferencias pueden ayudar a abarcar más terreno. Aunque se diga que la lucha continúa, que el patriarcado no se cayó y todavía debe caerse, hacer hincapié en las diferencias, en remarcar quien lleva los colores más fuertes del feminismo o estar cegada por el fanatismo son los principales cercos. Son tiempos de cambios; ya no debiera haber lugar para mezquindades y egoísmo. Es a través del “más es más” que se visibilizan los logros; deben ser compartidos y celebrados por igual.

Si el objetivo es lograr la igualdad, la mirada debe ser igual para todas. De nada sirve promover la equidad si ante las injusticias como primera medida se pone énfasis en sus colores. Así no se suma. Las mezquindades restan. Cada vez que a alguna “hermana” la atropellan, sin dudas ni miramientos, habría que salir a romper todo para volver a surgir con cambios de entre esos escombros.

Cada mujer fue forjada por una historia distinta. Algunas caminaron descalzas; otras con zapatos que no eran de su talle y tal vez hubo algunas que pudieron recorrer su camino en primera clase. Cada una fue atravesada por distintas circunstancias. Sin importar cuál sea el punto de partida pero valorando las huellas impresas a su paso y las cicatrices atravesadas en el cuerpo y en el alma, el horizonte está en el mismo lugar, a la espera de cada una, para que a su tiempo, llegue. Depende si entre todas hay buena predisposición para llegar juntas, abrazadas y hermanadas, para reconstruir todo lo que hubo que romper.

(*) Periodista de Policiales y Judiciales de Diario El Ancasti y de Revista Express

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