La generación Z está integrada por aquellas personas que nacieron a partir de 1996. Los nativos digitales nunca vivieron sin internet. Desde temprana edad, estos adolescentes estuvieron expuestos a la tecnología, las redes sociales y los dispositivos móviles, haciéndolos la generación más conectada del mundo, pero al mismo tiempo, la más solitaria y con más problemas relacionados a la salud mental. Las banderas rojas indicativas de peligro no siempre son obvias y, en lo general, son pasadas por alto por adultos responsables. “Para los padres y adultos a cargo, el conocimiento de lo que le está sucediendo al cerebro del adolescente es el primer paso para comprender cómo se siente y ayudarlo a superarlo con éxito”, sostuvo Nicola Morgan, experta en cerebro adolescente, oradora pública y autora de muchos libros sobre este tema.
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A los adultos les debería importar más la salud mental de los adolescentes
En un mundo en el que los adolescentes pasan entre 6 y 8 horas en instituciones escolares, ya sea aprendiendo, desarrollando relaciones sociales, adoptando habilidades, entre otras, es casi irrisorio ver como en su mayoría no cuenten con un espacio apto para la charla y escucha de problemáticas de salud mental.
Loa adultos responsables de estas adolescencias parecen no entender la importancia de involucrase, tratar y educar sobre estas temáticas que tanto perjudican a la actual juventud.
Según una serie de estudios realizados entre 2010 y 2020(*), las tasas de depresión y ansiedad adolescente aumentaron alrededor de un 60% en los últimos años, al igual que la tasa de suicidios y desórdenes alimenticios. Esto es extremadamente preocupante.
La generación Z se encuentra atrapada en una gran contradicción; son la generación con mayor dificultad para afrontar la vida, para procesar emociones, establecer vínculos y desarrollarse correctamente, esto acompañado por factores neurológicos como un desarrollo más rápido del sistema límbico, (el cual está relacionado al comportamiento “maduro”) sin embargo pueden desarrollar una efectiva tendencia a pedir ayuda y a hablar de sus problemas. Justamente por ello es que resulta tan necesaria la intervención de personas adultas que le den la importancia que requiere la prevención y atención de la salud mental.
Con una simple búsqueda de Google podemos encontrar miles y miles de casos de riesgo en instituciones educativas atados a la salud mental de los estudiantes, ya sea esparcidas por el mundo o en nuestro propio país.
El espacio educativo deberían ser un lugar en el que el adolescente encuentre apoyo y espacio de libre expresión, y los adultos responsables deberían estar instruidos en estas áreas, ya sea para poder actuar en una situación de emergencia o para, además de acompañar el desarrollo y crecimiento del alumno, tener la capacidad de detectar situaciones que pueden llegar a ser peligrosas.
En conclusión, las instituciones educativas son el lugar, aparte del hogar, en el que más tiempo pasan los adolescentes, siendo ente el espacio principal de interacción y desarrollo de estos. Por esto mismo, debería existir en cada espacio escolar unárea especializada en el que se pueda hablar de salud mental y ofrecer ayuda a quienes se encuentren en situaciones en las que la necesiten y no puedan encontrarla en otro lado, o en aquellos casos en los que la asistencia externa no les sea suficiente.
Escrito por: María Grazia Fittipaldi y María Valentina Comelli
Fuentes mencionadas:
- https://www.cambridge.org/core/journals/psychological-medicine/article/abs/heavy-burden-on-young-minds-the-global-burden-of-mental-and-substance-use-disorders-in-children-and-youth/2086CED8DE6F40969CB026095041C8E2#
- www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736%2813%2961611-6/fulltext
- https://www.cignaglobal.com/blog/body-mind/teen-mental-health-and-how-to-handle-it
- https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/34006/PAHONMH17005-spa.pdf