Es probable que el informe sobre cambio climático y calentamiento global elaborado por expertos de las Naciones Unidas y presentado ayer sea el más pesimista de todos los confeccionados hasta ahora respecto de las consecuencias que traerá aparejado para la vida del planeta. El trabajo habla de las posibilidades ciertas de "desastres sin precedentes" y también de la posibilidad de "consecuencias irreversibles", entre las que se menciona la subida del nivel del mar. "Olas de calor, inundaciones y otros eventos extremos aumentarán de forma sin precedentes tanto en su magnitud, frecuencia, ubicación o momento del año en que ocurren", advirtieron los autores.
Las conclusiones del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático se conocen a menos de tres meses de la cumbre del clima COP26 en Glasgow, Reino Unido, una de las últimas oportunidades, sino la última oportunidad, según los expertos, para que surjan decisiones políticas internacionales concretas que frenen el proceso de deterioro constante del medio ambiente.
El informe señala que el planeta alcanzará, con respecto a la era preindustrial, un aumento de 1,5°C en su temperatura en 2030, una década antes de lo estimado en las proyecciones elaboradas en 2018.
Si las medidas para frenar y revertir el calentamiento global dependen de las decisiones políticas que asuman los gobiernos de las principales potencias mundiales, particularmente Estados Unidos, que está entre las naciones del mundo que más contaminan y menos hacen por el cuidado del ambiente, ¿qué pueden aportar los gobiernos locales o los ciudadanos comunes? Las acciones individuales importan, y en la sumatoria general colaboran en el proceso virtuoso.
Los gobiernos locales en principio tienen potestad para controlar el cumplimiento de las leyes que protegen el medio ambiente, pero los municipios también pueden contribuir tratar adecuadamente residuos y aguas residuales, hacer eficiente la movilidad y el transporte público para reducir la contaminación, hacer más eficiente también el uso de la energía y avanzar hacia la generación de energías renovables en pequeña escala.
Los ciudadanos también, con sus acciones y conductas cotidianas, pueden potenciar el calentamiento global o reducirlo. Los expertos aconsejan, por ejemplo, usar más el transporte público para evitar el traslado en vehículos particulares; desperdiciar menos comida; usar menos agua; apelar a distintas estrategias domésticas para ahorrar energía; consumir menos carne roja porque es el ganado vacuno el que más emite gases que producen el efecto invernadero; reducir los desechos y reutilizar los materiales; limitar el uso de plásticos; plantar árboles; y concientizar al entorno, entre otras acciones.
Es que, aunque la responsabilidad más importante en el cuidado del medio ambiente recae en los gobiernos de las principales potencias mundiales, todos los ciudadanos tienen la alternativa de colaborar y, sobre todo, de concientizar a los demás sobre las conductas virtuosas en la materia.