domingo 13 de septiembre de 2026
El Mirador Político

La revolución de la ignorancia

En un mundo cada vez más acechado por dogmas mesiánicos a los que la tecnología imprime una velocidad de propagación vertiginosa, tal vez convenga asumir el retroceso de las competencias cognitivas registrado entre los alumnos quiceañeros de todo el mundo por las últimas pruebas PISA como indicio de una revolución cuyo éxito nadie, y mucho menos los profetas del nuevo orden, se atribuirá. Sin embargo, la penetración y extensión alcanzadas por la ignorancia configuran un fenómeno tan verificable como el hecho de que han escalado con más fuerza a partir de la irrupción y desarrollo de las redes sociales.

Un 76% de los alumnos de 15 años no consiguió acreditar los niveles más elementales de competencia en Matemáticas en las pruebas PISA. Un 60% quedó afuera en Lectura, un 59% en Ciencias. Un 76% de los alumnos de 15 años no consiguió acreditar los niveles más elementales de competencia en Matemáticas en las pruebas PISA. Un 60% quedó afuera en Lectura, un 59% en Ciencias.

Realizadas desde 2000 por la Organización para la Cooperación y del Desarrollo Económicos (OCDE), las PISA de 2025 expusieron un derrumbe educativo global en el que la Argentina, para no perder la costumbre, se destaca por sus singularidades. Quedó en el puesto 75 de los 91 países y economías monitoreados, octava entre 13 de Latinoamérica, con una caída simultánea de 12 puntos promedio en Matemática, Lectura y Ciencias, las tres áreas medidas.

Como el país se mantiene debajo del promedio de la OCDE al menos desde 2006, la novedad pasa por la dimensión adquirida por la brecha: 41 puntos por abajo de la media en Matemáticas, 29 menos en Lectura, 33 en Ciencias.

El salto más significativo de esta degradación se produjo entre 2022 y 2025, mientras que el deterioro más marcado de los puntajes generales de la OCDE se dio entre 2018 y 2022. Es decir: una de las particularidades del desplome nacional es que se aceleró después de la pandemia y el controvertido confinamiento, que desde 2020 vienen utilizándose como una especie de comodín para postular como indefectibles todo tipo de catástrofes, educación incluida.

La gravitación de la peste y las políticas instrumentadas para combatirla no pueden subestimarse, pero en el caso argentino impactaron sobre una escena educativa que ya estaba cronificada en indicadores paupérrimos. Las pruebas nacionales vienen conformando una secuencia decadente desde hace por lo menos dos décadas y, en lo que concierne a las PISA las cifras se mantuvieron estables en su mediocridad entre 2018 y 2022, mientras el mundo azotado por el COVID-19 reculaba.

Desolador

El cuadro que arrojaron las PISA argentinas es desolador.

Un 76% de los alumnos no consiguió acreditar los niveles más elementales de competencia en Matemáticas. Un 60% quedó afuera en Lectura, un 59% en Ciencias. El desplazamiento de alumnos hacia el subsuelo de la ineptitud cognitiva trepó alrededor del 7%.

La organización “Argentinos por la Educación” marcó que el desempeño en Matemáticas viene cayendo en forma sostenida desde 2009, que el desplome de 2025 es transversal a las tres áreas y que la proporción de alumnos argentinos que no llegan a los niveles básicos es enorme.

La indiferencia de la política frente a tamaña declinación es la correlativa a la de la sociedad. No hay presión que induzca el abordaje del estrago educativo, que ocupa un lugar marginal en la agenda pública, insignificante desde el excluyente punto de vista de los réditos electorales.

Las perpetuadas urgencias materiales estrechan los márgenes a la reflexión, pero si se tienen en cuenta los precedentes se advertirá que el de la educación es peor de los fracasos colectivos nacionales.

El sistema educativo argentino fue modelo en el continente tanto por su excelencia como por su eficacia para la integración y la movilidad social. En las PISA de 2000 la Argentina se ubicaba segunda en Latinoamérica, superada solo por México. Un cuarto de siglo después está octava de 13.

Resulta irrisorio que, urgidos por ofrecer respuestas plausibles a los sobreendeudamientos y moras crediticias, algunos sectores se aflijan por la deficiente educación financiera de la población, cuando tres cuartos de los alumnos llegan a la mitad del secundario sin poder resolver operaciones matemáticas simples y un 60% no entiende lo que lee. Con esa materia prima pretenden hacer “traders”, los enajenados.

¿Qué diría Sarmiento?

Los resultados del PRISA se conocieron pocos días antes del Día del Maestro. En otra muestra de mimetización con la otrora denostada “casta”, el Gobierno le echó la culpa de la debacle a sus predecesores. Que alguna razón tiene no se puede negar, pero Milei remachó el clavo del grotesco con otro de sus imaginativos “sketches” confeccionados con IA.

El video lo muestra, con una figura muy estilizada, dialogando con Sarmiento, quien le expresa su solidaridad de incomprendido. “¿Así que lo critican por las formas, don Javier?”, le pregunta el ilustre pelado y lo conforta porque a él le pasaba lo mismo, también lo trataban de “loco”. Dos próceres angustiados por el destino de la Patria.

Resulta que Milei se inspiró en Sarmiento para enseñarle economía a los argentinos y conseguir que aprendieran “como los políticos les robaban con la inflación”.

Una lástima que la brevedad de la sesión de espiritismo no le diera tiempo a Sarmiento para expresarle al Presidente su preocupación por la demolición educativa y sugerirle la conveniencia de diseñar y ejecutar políticas tendientes a enmendarla, similares a las que él ideó e implementó para comenzar el forjar el sistema destruido.

Tampoco pudo el Padre del Aula referirse al sonado episodio que su clinudo contertulio había protagonizado en una disertación que dio a los alumnos de 4°y 5° año del Colegio ORT, en la que los arengó para vituperar a la prensa y descalificó al marxismo como manifestación de Satán.

Qué oportunidad perdida. Hubiera sido esclarecedor escuchar el análisis sarmientino sobre el siglo y medio transcurrido entre la revolución educativa y la revolución de la ignorancia. Se ve que a la IA no se le ocurrió.

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