Si bien el desplome de la calidad educativa que verificaron las últimas pruebas PISA es un fenómeno global, el caso de la Argentina tiene características que lo destacan por su profundidad. El retroceso nacional se distingue en principio por su volumen y por registrarse en las tres áreas monitoreadas: Matemática, Lectura y Ciencia, con el agravante de que ya en 2022 los indicadores eran pésimos.
Dos tercios de los estudiantes de 15 años argentinos no alcanzaron los conocimientos elementales en 2025 Dos tercios de los estudiantes de 15 años argentinos no alcanzaron los conocimientos elementales en 2025
Conforme a las cifras difundidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 76% de los estudiantes de 15 años no llegó al nivel básico de Matemática. En Lectura y Ciencias, los aplazados fueron alrededor del 60%.
Es decir: solo un tercio de la población estudiantil argentina promedia el secundario con competencias aceptables para desenvolverse de manera significativa en la sociedad. O también: el sistema educativo condena la ignorancia a dos tercios de sus alumnos.
Que el piso educativo nacional ya fuera paupérrimo -más que piso, subsuelo- hace más estremecedora la profundidad del retroceso registrado en sólo tres años, entre 2022 y 2025: 13 puntos menos en Ciencias, 12 en Lectura, 11 en Matemática.
Derrumbe homogéneo e indicativo en el contraste. El promedio de caída mundial en Matemática fue de 9 puntos, 3 en Ciencias y 14 en Lectura. La educación argentina puede al menos envanecerse de haber estado dos puntos por encima del desastre ecuménico en Lectura.
La brecha con el resto del mundo, sin embargo, es estremecedora. Mientras el promedio mundial de los que alcanzaron los niveles mínimos en Matemática fue del 65%, en la Argentina fue del 24: 41 puntos de distancia. En Lectura, la relación fue 69% a 40 contra la Argentina; en Ciencias, 74% a 41.
Con estos indicadores, el país quedó en el puesto 75 de los 91 medidos y octavo entre los 13 latinoamericanos. En 2000 estaba segundo en la región, solo superado por México.
Son 36 puntos de desplome entre las tres áreas. Brasil creció 2 puntos en total, Uruguay cayó solo 2 y Colombia 8.
No se trata solamente de una caída del promedio, sino del desplazamiento de una parte significativa de los estudiantes por debajo del piso básico de competencia. La OCDE señala que, respecto de 2018, la proporción de alumnos argentinos por debajo del Nivel 2 aumentó 7 puntos en Matemática, 7 en Lectura y 6 en Ciencias.
Otro elemento que conviene considerar entre las singularidades nacionales: Argentina llegó a 2022 sin experimentar el derrumbe que afectó a buena parte del mundo desarrollado durante la pandemia. Es importante tenerlo en cuenta, porque el impacto nocivo del cierre de las escuelas durante de la pandemia es el argumento más recurrido para justificar la caída de los indicadores educativos. En la Argentina, el derrumbe es sostenido desde 2009, pero el deterioro fuerte respecto del resto del mundo aparece entre 2022 y 2025.
Seguramente porque son más redituables desde el punto de vista del proselitismo y más promisorios para ofrecer resultados en el corto plazo, otros temas ocupan la agenda política e institucional. Sin embargo, la catástrofe educativa es la evidencia más nítida de la degradación Argentina. Son porciones enormes de generaciones incapacitadas para insertarse en un mundo cada vez más competitivo.
El país fue en algún momento de su historia un faro continental por la calidad de su educación pública no solo por la solvencia académica, sino también y quizás más, por el rol que cumplía en la integración y la movilidad social ascendente.
Si con un pasado de “potencia” se desvaría, la educación es el elemento que mejor podría esgrimirse para acortar distancias entre charlatanería y realidad.