Resulta una grave contradicción que en la Argentina, un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas, los precios de estos productos primarios sean altísimos y que haya personas que pasen hambre. Sin embargo, es lo que está sucediendo.
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El hambre no sabe de grietas
El aumento de la canasta básica alimentaria es superior al incremento general de los precios, que ya de por sí se ubica en niveles que no se registraban desde hace casi 30 años. En los últimos doce meses, según la información estadística oficial, los alimentos aumentaron más del 60 por ciento, con casos en los que el aumento excedió el 100 por ciento.
Algunos alimentos que históricamente forman parte de la dieta central de los argentinos ocupan ahora, por su alto costo, un lugar secundario. La carne vacuna, por ejemplo. Un estudio elaborado por la consultora D’Alessio IROL y Berensztein –el informe del Monitor de Humor Político y Social- asegura que el 72 por ciento de los consumidores se vio obligado a reducir o directamente abandonar la compra de ese producto.
El estudio añade que entre el 40% y el 50% de los encuestados achicó o abandonó sus compras de pescado, manteca, azúcar, agua mineral, quesos y yogur. Aumentaron, en cambio, las compras de arroz y fideos.
El último informe de la Universidad Católica Argentina, además de indicar que más de la mitad de los niños son pobres, revela que el 33 por ciento de los chicos se alimenta en comedores comunitarios. El año pasado esa cifra era del 28 por ciento.
Manifiesta, también, que casi uno de cada cinco chicos redujo su dieta de alimentos en los últimos 12 meses por problemas económicos y el 8% dijo haber pasado hambre.
No son muchos los dirigentes políticos que se ocupan del tema, y menos aún los que promueven iniciativas para solucionar el problema. Una de las excepciones es el diputado Daniel Arroyo, experto en desarrollo social, que presentó un proyecto de ley de emergencia alimentaria y nutricional, que contempla el aumento del presupuesto del Programa “Políticas Alimentarias” del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación; la implementación de una canasta básica de primera infancia; y el incremento del presupuesto destinado a los comedores y a las huertas escolares, comunitarias y familiares. El legislador también propicia el reintegro del IVA de los productos que forman parte de la canasta básica alimentaria e impulsar la producción y las redes de comercialización de los pequeños productores de la economía social y de la agricultura familiar, entre otras medidas que deberán ser consensuadas para que prosperen.
Los problemas de alimentación que afectan a los sectores más vulnerables de la población demandarán respuestas eficaces y específicas del gobierno que asuma en diciembre, sea cual fuere su identidad política. Pero requerirá de un acuerdo global que incluya a la mayoría del arco político.
El hambre no sabe de grietas y espera soluciones urgentes.