CARTA AL DIRECTOR

Símbolos religiosos y un Estado laico

martes, 18 de junio de 2019 · 04:00


La homogeneidad social y cultural hace que estemos habituados a convivir con símbolos religiosos a tal punto que su presencia en edificios y espacios públicos pasan desapercibidos.
Resulta indudable que muchos símbolos religiosos han pasado a ser, predominantemente culturales, aunque esto no excluya que para los creyentes siga operando su significado religioso.

Enriquecido con el transcurso del tiempo, el símbolo religioso acumula toda la carga histórica de una comunidad cuando una religión es mayoritaria. En ese contexto, sus símbolos comparten la historia política y cultural de la sociedad, lo que origina que no pocos elementos representativos del Estado provincial y municipales tengan una connotación religiosa; tal el caso de la cruz en nuestro escudo provincial, o la alusión a la Virgen en el Himno de Catamarca; o el nombre de varios municipios (Santa María; San José; San Pedro, San Isidro, San Fernando; Fray Mamerto; etc.).
Es decir, la tradición cultural es la razón por la cual los símbolos y atributos propios del cristianismo figuren insertos en nuestros emblemas.
La continuidad de esta tradición no afecta en manera alguna la neutralidad religiosa del Estado, por lo que la retirada sistemática de todo signo de una determinada confesión supondría una conducta antirreligiosa que favorecería a otras religiones o al ateísmo.
Pretender la exclusión de signos religiosos por “respeto” o a solicitud de una minoría podría, además, suponer un acto de intolerancia en tanto las imágenes religiosas resultan ineficaces para lesionar, por sí solas, derecho alguno, por lo que su retirada podría suponer solo una medida de apoyo o protección a las minorías.

Este tema ya ha sido tratado en otras jurisdicciones, incluida Catamarca, en tanto el retiro de imágenes religiosas de los espacios públicos se trató de una campaña a nivel nacional que se llevó a cabo hace aproximadamente un lustro. Las presentaciones realizadas fueron resueltas de diferentes maneras: en algunos casos fueron rechazadas “in limine”; en otros se resolvió sobre el fondo de la cuestión negativamente; otras presentaciones no recibieron respuesta formal; otras con rechazo formal e informal y las menos, con retiro de las imágenes. 

Voy a citar una resolución del Superior Tribunal de Justicia de La Pampa que afirma: “La presencia de cruces en el espacio público no puede ser interpretada como una forma de coacción frente a otras confesiones o la propia conciencia de los ciudadanos. Simplemente es un hecho cultural que responde a la innegable influencia que el cristianismo ha tenido en la formación histórica del país e implica la manifestación de una práctica de piedad popular que forma parte del rico acervo de tradiciones de nuestra nación. En este sentido, la tolerancia hacia los demás no tiene por qué llevar a la intolerancia hacia la propia identidad. El pluralismo no reclama la renuncia a la cultura y tradiciones de la nación. (...) Este último, que es consustancial a la fórmula del Estado constitucional de derecho, permite la convivencia, también en los espacios públicos, sin tener que llegar al extremo de negar nuestra tradición y nuestra historia” (caso “Linares Bustamante”, Tribunal Constitucional del Perú, sentencia del 7 de marzo de 2011, considerando 51).

No está de más citar jurisprudencia de Tribunales extranjeros que se expidieron sobre la misma cuestión. La Corte Europea de Derechos Humanos ha expresado que las imágenes y símbolos religiosos “no obligan a rendir culto, a tomar parte de un rito y ni siquiera a compartir sus valores. A nadie se le pide hacer un acto de fe, persignarse o venerarlos. Las cruces son símbolos esencialmente pasivos que no tienen capacidad de adoctrinamiento” (conf. caso “Lautsi y otros c. Italia”, Gran Sala de la Corte Europea de Derecho Humanos, 18/03/2011, considerandos 66 y 72. En el mismo sentido Tribunal Constitucional del Perú, sentencia del 7 de marzo de 2011, en autos “Linares Bustamante”. considerando 45, entre otros.
También el gran maestro, Dr. Fayt, a pesar de su reconocida adscripción al socialismo, manifestó que “(...) la Nación es una comunidad determinada objetivamente por el nacimiento o su asimilación y subjetivamente por nexos sociológicos, como el lenguaje, la religión, los usos y costumbres y hábitos de vida y psicológicos, como la voluntad de pertenencia y conciencia de poseer un origen y un destino común, que se resuelven en determinadas formas de vida, en común cooperación y solidaridad. No predominan en ella los factores naturales sino los culturales”. (Fayt, Carlos, “Derecho Político”, p. 49).

Un ejemplo práctico para poder entender la simbología religiosa en espacios e incluso bienes del dominio público es la Cruz Roja, que fue instituida como emblema universal, pero no por una cuestión religiosa. A pesar de ello se adoptó la media luna roja para el mundo islámico mientras que los judíos también exhiben la Estrella de David en sus ambulancias. Es decir, el hecho de que en un Estado una determinada religión tenga una visibilidad preponderante, no significa que el Estado haya abandonado su neutralidad sino que, en todo caso, la tradición religiosa está fuertemente arraigada en el tejido social
Las imágenes religiosas en espacios públicos no potencian ningún hecho religioso ni mucho menos comprometen la aconfesionalidad del Estado; en todo caso los símbolos religiosos no siempre reflejan religiosidad sino una tradición cultural que la Constitución Nacional ni Provincial han prohibido.
 
Dr. José Ricardo Cáceres