El tratar de explicar el escándalo de los créditos hipotecarios otorgados por el Banco Nación a funcionarios libertarios, el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo no solo destacó que las operaciones objetadas fueron lícitas, sino que instó a “desmitificar” que el endeudamiento es necesariamente un dato negativo.
“En el mundo, la gente vive con deuda”, señaló durante una entrevista con Luis Majul, en la que recomendó además seguir el ejemplo del funcionariato y tomar préstamos.
Endeudate, campeón. La sugerencia se destaca por lo superflua. Los argentinos ya viven endeudados sin necesidad de que el ministro los estimule, cosa que, como él considera, no representaría inconveniente alguno si no fuera porque desde hace 16 meses viene registrándose un incremento sostenido de los niveles de morosidad e irregularidad en los pagos de créditos en los sistemas bancario y no bancario.
No se trata de un problema puntual de alguna entidad ni de un grupo particular de deudores. El fenómeno atraviesa el sistema de punta a punta.
Los últimos datos de la Central de Deudores (CENDEU), correspondientes a febrero, son contundentes.
La mora de las familias con entidades financieras tradicionales pasó del 10,6% en enero al 11,2% en febrero, alcanzando su nivel más alto desde el año 2004. Tal porcentaje supera los picos registrados durante la crisis subprime de 2008/2009, la recesión del gobierno de Mauricio Macri en 2018/2019 y la pandemia.
En el universo de las entidades no financieras —billeteras virtuales, fintech y financieras— la crisis es mucho mayor. En febrero, la irregularidad en los créditos otorgados por estas plataformas rozó el 30%, tres veces superior al registrado apenas un año y medio atrás.
Los préstamos personales son los más golpeados. Su tasa de irregularidad trepó del 3,5% al 13,2% en un año. Las tarjetas de crédito siguieron un camino similar, pasando del 2% al 11% en el mismo período.
La categoría “otros préstamos” —que incluye productos de menor monto y mayor informalidad— escaló del 10,7% al 31,9%, casi un tercio de la cartera en situación irregular.
Un factor que agrava la situación en tarjetas es el uso creciente del pago mínimo. Las tasas de interés que aplican las entidades financieras para refinanciar saldos promedian el 4% mensual en moneda nacional. Este mecanismo, si bien permite mantener operativo el plástico, genera una acumulación de intereses que dificulta la reducción del capital adeudado y empuja a muchos usuarios hacia la mora en cuotas siguientes.
En este panorama de enterrados en cuotas, sobresale una notable excepción: la mora en los créditos hipotecarios es de apenas el 1%. Justo los del escandalete con el Nación, a los que por otro lado no accede cualquier sueldo promedio, mucho menos si se la pasa pagando el mínimo en la tarjeta de crédito.
Conviene relativizar los alcances del dato, ya que no considera préstamos en dólares facilitados por jubiladas como los conseguidos por el jefe de Gabinete Manuel Adorni para poder canalizar su pasión por los bienes raíces sin tener que recurrir a los bancos. Todavía debe unas cuantas cuotas y hay que ver si las honra. Sus incursiones en el mercado inmobiliario parecen haber sido tan extendidas que una demora en los pagos podría alterar significativamente las estadísticas, pero es un mérito que su madrina, Karina Milei, insiste en remarcar: al menos el bueno de Manuel no incurrió en el tráfico de influencias para acceder a plata de la banca pública; se las arregló solito en acuerdos entre privados como buen libertario. “No como otros”, fulmina insidiosa en la oreja de su hermano Javier, entre tuit y tuit contra el periodismo.n