A poco de haber asumido como presidente de la Nación, Mauricio Macri y su gobierno debieron enfrentar una emergencia a raíz de las inundaciones en el litoral argentino. En esa oportunidad, durante una conferencia de prensa que brindó en la ciudad de Concordia, pronunció una frase que generó muchas burlas en las redes sociales, por lo elemental de la idea que expresaba: "En algunos lugares falta el agua y en algunos sobra", dijo el presidente. Similar a otra expresada hace pocos días, cuando refiriéndose a las dificultades para encontrar el ARA San Juan, dijo que “el mar es inmenso y el submarino muy pequeño”.
No son, claro, las definiciones que los inundados o los familiares de los tripulantes del ARA San Juan esperan de un presidente en esas situaciones de emergencia. Pero la primera de las definiciones, por más básica que sea, se aplica correctamente a lo que sucede en Catamarca, donde en algunos hogares el agua sobra y en otros falta.
En los últimos años las precipitaciones han sido más abundantes que lo habitual en nuestra provincia. Es decir, la cantidad de agua caída ha superado los promedios históricos. De mantenerse la tendencia de enero y febrero, lo cual es bastante probable, 2018 también será un año con lluvias por encima de lo normal.
Los diques están llegando a su cuota máxima y la provisión para el invierno, la estación más seca del año, está asegurada. Pero de todos modos existen sectores, por ejemplo en la ciudad capital, donde en algunas horas el agua se corta o no tiene la suficiente presión como para subir a los tanques, generando los inconvenientes lógicos de este tipo de situaciones.
La explicación es bien sencilla: el consumo de agua por habitante en San Fernando del Valle es tan exorbitante, muy por encima de lo que estima como adecuado la Organización Mundial de la Salud (50 litros por día por persona), que aún pese a haber disponibilidad de agua, superficial y subterránea, ésta por momentos no alcanza.
Por esta razón también la empresa que administra el servicio suele efectuar cortes en algunas horas para “recuperar niveles”, lo cual significa que el problema no es la escasez del líquido elemento, sino que el consumo es tan elevado que en determinadas circunstancias supera la disponibilidad existente en las napas subterráneas.
Si bien nadie puede dudar de que en una provincia como Catamarca que llueva más de lo habitual es una buena noticia, es cierto también que la abundancia acostumbra mal. Si en épocas de sequía es posible observar derroche de agua, con más razón estos comportamientos irresponsables son frecuentes en temporadas de buena cantidad de precipitaciones como la que vivimos.
Resulta necesario que las campañas respecto al uso racional del agua no decaigan, porque está visto que la conciencia ciudadana es bastante pobre al respecto, y porque deberemos estar preparados para enfrentar, en un futuro quizás no tan lejano, meses de dura sequía que pondrán a prueba nuestra paciencia, pero también nuestra capacidad para resolver responsablemente tal dificultad.