Las frías estadísticas no dejan lugar a dudas: el sector industrial es uno de los grandes perdedores del modelo económico implementado desde hace un año y medio. La crisis se hace sentir cada vez más, con una secuela de empresas que cierran sus persianas y otras que deciden suspensiones, adelantamiento de vacaciones, retiros voluntarios o despidos por la caída persistente de las ventas.
Si en Catamarca este sector de la producción ya venía golpeado por la finalización del régimen de promoción, la retracción en el consumo por la pérdida del poder adquisitivo de los asalariados y la apertura de las importaciones parece ser un golpe casi mortal para la sustentabilidad de las empresas.
La devaluación decidida al principio de la gestión macrista había despertado expectativas en las firmas exportadoras del sector, pero los perjuicios fueron mayores que los eventuales beneficios por un dólar más alto.
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Tormenta en el sector industrial
Las expectativas para la recuperación del sector industrial están asociadas a un mejoramiento de los niveles del consumo, lo cual no aparece como algo muy factible, al menos en el corto plazo.
Sin embargo, a juzgar por el pensamiento de algunos de los que toman decisiones sobre política económica en el gabinete del Gobierno nacional, no es disparatado suponer que el retroceso industrial tal vez no sea coyuntural, sino la lógica en el contexto de un modelo de negocios que se asienta más en la especulación de tipo financiera y en las importaciones, reservando a la economía argentina un rol más vinculado a la producción de productos primarios, sobre todo del sector alimenticio, con escaso valor agregado. Lo que el propio presidente Mauricio Macri sugiere cuando proclama que Argentina debe convertirse en “el supermercado del mundo”.
De hecho, el retroceso industrial se muestra como un fenómeno continuo en el último año y medio. En el primer trimestre de 2017 el deterioro de la producción del sector alcanzó el 2,4%, y se basa en comparación con un año muy malo, el 2016, en el que el PBI industrial se retrotrajo un 4,6 % respecto de 2015.
Otro dato que alarma es la escasa utilización de la capacidad instalada, que cayó un 2,3% en el primer cuatrimestre del presente año, con sectores muy por debajo de sus posibilidades de producción: automotriz (46,5 por ciento de utilización de su capacidad en abril), metalmecánica (54,5) y textiles (54,9), según los datos oficiales analizados por el economista Santiago Fraschina, director de la carrera de Economía en la Universidad Nacional de Avellaneda.
Para revertir la crisis industrial, se precisa una reorientación del modelo económico, lo que requiere de una decisión política estratégica y de largo plazo. En el corto y mediano plazo, para morigerar sus efectos nocivos, deben implementarse medidas promocionales, sobre todos para las PYMES industriales, entre las que pueden mencionarse exenciones impositivas, facilidades de pago o condonación de deudas impagas.
Se trata, de todas maneras, de políticas paliativas, que deben durar lo que dura la tormenta.