El presidente
Mauricio Macri está pagando un alto costo político por errores que su gobierno
ha cometido y luego subsanado, y también por otros que ni siquiera llegaron a
consumarse, como es el meneado preacuerdo de la deuda por el Correo.
Precisamente por este último tema la oposición en el Congreso de la Nación
fracasó en un intento por interpelar al Presidente, pero igual quedó la
sensación de un Gobierno acorralado y debilitado, absorto y con un deficiente
manejo de la presión política. Tanto es así que el propio Macri debió salir
ayer a dar explicaciones en una conferencia de prensa, cuando en una situación
normal los que tienen que dar la cara y despejar todas las dudas son los
funcionarios de cada área, porque, en definitiva, se trata de cuestiones
técnicas. Pero evidentemente esto ya no alcanzaba. Ocurre que Argentina, desde
hace algunos años, vive en un estado de crispación crónico. Cualquier medida de
gobierno, sea de orden institucional, social o económica, puede dar lugar a una
reacción desmedida de sectores de la oposición, sindicatos y organizaciones
sociales y también de la opinión pública en general, que se manifiesta en forma
inmediata a través de las redes sociales. Y es sabido cuánta importancia le da
el macrismo al pandemónium digital.
La explicación más
incómoda fue la del Correo, porque involucra a Franco Macri, su padre. Al
respecto, el Presidente dijo que instruyó al ministro de Comunicaciones de la
Nación, Oscar Aguad, volver todo a "foja cero”. "Le
dije que vayamos a la Cámara, a la Justicia y digámosle 'empecemos de cero'.
Queremos un acuerdo integral que heredamos de 14 años sin solución. Que los
jueces dispongan de los expertos para terminar con este tema, que no resolverlo
perjudica al Estado y mi tarea es cuidarlo", explicó Macri. Por más
vueltas que se le den al asunto y por más lógico y razonable haya sido el
preacuerdo con el Grupo Macri para que pague al Estado la deuda que arrastra
desde 2003, lo cierto es que nadie en el Gobierno tuvo el tacto para advertir
acerca de la extremada sensibilidad que supone cada decisión en torno a la
familia presidencial o a los amigos de Mauricio Macri, que en buena medida son
empresarios, como lo era él, y que tuvieron o tienen aún vinculaciones contractuales
con el Estado. En este sentido, el déficit político parece ser el más insanable
de la administración Macri. Consciente de las durísimas críticas que le
llovieron estos días por el asunto del Correo, y más recientemente por el de
las jubilaciones, el Jefe de Estado se disculpó en público: "Si me
equivoco, doy un paso atrás y me corrijo", dijo. Con algo de ironía, sus
críticos le decían que piense más antes de tomar una medida, así no tiene que
retroceder tan seguido.
El otro dolor de cabeza para el Gobierno
fue el cambio en la forma de calcular el aumento de las jubilaciones de acuerdo
con la Ley de Movilidad, un cambio que al final quedó sin efecto. El conflicto
se disparó cuando el titular de ANSES, Emilio Basavilbaso, anunció que los haberes
y las pensiones aumentarían a partir de marzo un 12,65%, cuando según la ley
debían incrementarse un 12,96%, en función de unas modificaciones introducidas
en la fórmula de cálculo. El cambio implicaba una merma del 0,3 por ciento
respecto al cálculo que se aplicaba anteriormente. La diferencia implicaba un
ahorro de $ 3.000 millones anuales para el Estado. Si bien la modificación no
había sido publicada en el Boletín Oficial, fue suficiente para que opositores
y aliados del Gobierno dieran rienda suelta a un ataque generoso en demagogia y
puestas en escena. Entre los segundos, como no podía ser de otra manera, se
anotó en primera fila la diputada nacional Elisa Carrió, quien desde su banca
apoyó la embestida kirchnerista de plantear una cuestión de privilegio en
contra del Ejecutivo nacional. Pero cuando Macri anunció que no habría ningún
cambio en el cálculo, lo celebró desde su Twitter: "Para un rico 20 pesos no es nada. Para un jubilado es mucho.
Gracias Sr. Presidente x rectificar la medida", escribió. Es lógico que la
oposición no le perdone ninguna equivocación a Macri, pero lo de Lilita es
decididamente patético. No pierde ninguna ocasión de jugar ese pretendido rol
de fiscal de la moral pública argentina, con un show mediático que es la envidia
de los demás políticos. Que Macri ponga las barbas en remojo: en este año
electoral, abundarán las arremetidas opositoras y las histriónicas apariciones
de Carrió.