sábado 11 de abril de 2026
EDITORIAL

Tragedias argentinas

Por Redacción El Ancasti

Da la impresión de que los argentinos nos estamos acostumbrando a las malas noticias, algunas de ellas tragedias colectivas.

La última de ellas es la desaparición del submarino ARA San Juan, que, ya se descuenta oficialmente, se cobró la vida de 44 personas.

Y cuando la sociedad toda empezaba a llorar a las víctimas del submarino, se conoció la infausta noticia de que un joven mapuche cayó muerto por un balazo efectuado, todas las pericias lo indican así, por un efectivo de Prefectura.

La muerte acecha la realidad y se ofrece a las más variadas interpretaciones de ambos lados de la grieta que en materia política sigue intacta en la Argentina -e incluso más profunda aún- a casi dos años de haber asumido el gobierno que prometió, en su trilogía de promesas básicas, unir a los argentinos.

Porque en los tres hechos mencionados, acaecidos en un lapso corto de tiempo, en general las opiniones que se vierten están condicionadas por configuraciones ideológicas previas que tienden a buscar responsables en el bando “enemigo”, ya sea del oficialismo o de la oposición.

Además de esas miradas sesgadas por la pertenencia política, queda frecuentemente en evidencia la puesta en escena de informaciones falsas o tergiversaciones evidentes de lo sucedido realmente.

La versión de que a Maldonado lo secuestró y desapareció Gendarmería, para luego asesinarlo y plantar el cuerpo en el río ha quedado descartada por las conclusiones de los peritos que realizaron la autopsia. Pero tampoco se basa en la realidad la versión oficial que plantea la inocencia de la fuerza de seguridad, pues ha quedado confirmado que efectuó una represión ilegal en un territorio al que no había sido autorizada a ingresar por el juez, y que si esa ilegalidad no se hubiese consumado, hoy el joven artesano estaría vivo.

También la versión oficial sobre la muerte de Rafael Nahuel esconde lo evidente: que cada vez está más lejos la versión de un enfrentamiento, en la medida  en que la bala que lo mató fue por la espalda y que el joven y sus acompañantes no tenían rastros de pólvora en sus manos.

Respecto del ARA San Juan, cuando aún no se conocen con exactitud las causas ni las circunstancias de la tragedia, oficialistas y opositores intentan sacar réditos políticos responsabilizando al gobierno anterior o al actual del hecho.

La única manera de evitar interpretaciones antojadizas sobre hechos tan dolorosos es que la Justicia actúe con eficacia y sin presiones de ningún tipo, procurando una investigación seria y responsable que conduzca a la verdad de los hechos.

No es tan difícil: otras tragedias argentinas no tan recientes, como la de Once o la de Cromañón, demuestran que es posible alcanzar la justicia y, de ese modo, restañar algo las heridas.

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