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EDITORIAL

La teoría del derrame

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25 de mayo de 2016 - 04:04 Por Redacción El Ancasti
Al comenzar la gestión, el actual gobierno nacional estimó que los primeros meses iban a estar caracterizados por la implementación de una serie de políticas de ajuste cuyos resultados positivos empezarán a verse en el segundo semestre de este año.

Lo que el gobierno entiende como un proceso de reconstrucción de la confianza devendrá en reactivación de la inversión privada, lo que a su vez generará una recuperación de la economía y un mejoramiento de las condiciones sociales, como consecuencia de los efectos de lo que se conoce, desde la ortodoxia económica, como la "teoría del derrame”. 

Esta teoría sostiene que el crecimiento económico, que supuestamente vendría de la mano de las inversiones, derrama de manera natural, tarde o temprano, hacia los sectores de menores ingresos, aunque el Estado asuma un rol pasivo en la generación de políticas de distribución de la riqueza.

Desde lo discursivo, las medidas antipáticas adoptadas en los últimos meses son el puntapié inicial necesario de una etapa encaminada a lograr uno de los objetivos enunciados durante la campaña: la pobreza cero.

La cercanía con el comienzo de la etapa anunciada hace prever que la recuperación prometida no será inminente. Al punto que ya algunos funcionarios empiezan a asegurar que la reactivación comenzará recién en 2017.

De todos modos, aunque en algún momento se confirme la llegada masiva de las inversiones, sobre todo las de origen extranjero, no hay ninguna regla escrita que asegure que el crecimiento derramará automáticamente beneficiando a los más pobres.

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) emitió un documento días pasados en el que advierte que "poner demasiadas expectativas en el efecto derrame como estrategia de reducción de la pobreza es riesgoso”.

La posición es coincidente con lo expresado por el Papa Francisco, hace ya tres años, en la Exhortación apostólica "Evangelii Gaudium”, en la que enuncia una fuerte crítica al sistema económico imperante en el mundo. En este escrito sostiene que el capitalismo es injusto desde su raíz y condena a la pobreza y a la exclusión a cada vez más personas. 

También sostiene que no cree en la teoría del derrame económico que supone una "confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”.

Para la Iglesia argentina, conspira contra la teoría del derrame la existencia de restricciones en la estructura económica, entre las que pueden mencionarse la concentración de la producción en pocas manos, el excesivo peso de las exportaciones de carácter primario, la extranjerización de las empresas líderes y la disparidad en la calidad del empleo y los salarios por regiones y ramas de actividad.

No puede el Estado, condicionado por criterios dogmáticos provenientes de teorías económicas, aguardar pasivamente que el mercado todo lo arregle, sobre todo si el objetivo es combatir la pobreza.

Es necesario complementar la estrategia de promoción activa de captación de inversiones con políticas de contención de los sectores vulnerables, garantizando que el crecimiento económico beneficie a toda la población y no solo a algunos.
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