Una decisión irracional que debilita el sistema de salud
La decisión de la Argentina de abandonar la Organización Mundial de la Salud inaugura una etapa de mayor incertidumbre, con implicancias que trascienden el campo de la salud para proyectarse sobre la economía, la política exterior y, de manera particularmente sensible, sobre las realidades provinciales.
En términos estrictamente sanitarios, la salida, cuya lógica debe buscarse pura y exclusivamente en una imitación irracional de las posiciones que va adoptando Donald Trump, implica un debilitamiento evidente de las capacidades estatales. La OMS es, además de un foro técnico, el nodo central de vigilancia epidemiológica global. Prescindir de ese entramado supone resignar acceso inmediato a alertas sobre brotes, nuevas variantes o enfermedades emergentes.
La pandemia de COVID-19 demostró que ningún sistema de salud, por robusto que sea, puede operar de manera eficiente al margen de redes internacionales. La Argentina, al retirarse, se coloca en una posición más vulnerable frente a futuras crisis, con menor capacidad de anticipación y respuesta.
La decisión de Milei respecto de que Argentina abandone la Organización Mundial de la Salud, siguiendo los pasos de su amigo Trump, tendrá graves consecuencias. La decisión de Milei respecto de que Argentina abandone la Organización Mundial de la Salud, siguiendo los pasos de su amigo Trump, tendrá graves consecuencias.
El impacto económico tampoco es menor. La OMS articula mecanismos de compra conjunta y validación de insumos que permiten a los países acceder a vacunas y medicamentos a costos más competitivos. Sin esa plataforma, la capacidad de negociación del Estado argentino se reduce frente a los grandes laboratorios internacionales. A ello se suma la pérdida de financiamiento y cooperación técnica. Programas de capacitación, asistencia en territorio y apoyo a políticas sanitarias quedan ahora en una zona de incertidumbre. Instituciones nacionales que históricamente se nutrían de estos vínculos ven restringido su acceso a redes de conocimiento, lo que, a mediano plazo, puede erosionar la calidad técnica del sistema.
La decisión afecta particularmente a provincias como Catamarca, cuyo sistema sanitario depende en gran medida de transferencias nacionales y programas federales, por lo que cualquier debilitamiento en la articulación internacional repercute de manera directa.
La provincia enfrenta, además, desafíos epidemiológicos específicos, como la recurrencia del dengue y otras enfermedades vectoriales. Sin acceso pleno a redes de alerta temprana y coordinación regional, la capacidad de respuesta se vuelve más lenta y costosa.
La provisión de insumos críticos es otro punto sensible. Las provincias periféricas suelen ser las primeras en sentir los efectos de cualquier disrupción en la cadena de suministro. Demoras en la llegada de vacunas o medicamentos impactan de manera más aguda en estos contextos, profundizando desigualdades ya existentes.
El retiro de la OMS amenaza finalmente con ampliar la brecha entre jurisdicciones. Mientras distritos con mayor capacidad fiscal podrían amortiguar parcialmente el impacto, provincias como Catamarca verán restringido su margen de maniobra. El resultado previsible es un sistema de salud más desigual, donde el acceso y la calidad de la atención dependan cada vez más del lugar de residencia.