Fue un
hecho absolutamente inusual observar, el pasado jueves, a un grupo de alrededor
de 20 investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de Catamarca
abandonar por un momento sus habituales ámbitos de trabajos para concebir una
protesta callejera en contra del recorte al presupuesto para ciencia y técnica.
La
postal se repitió en las principales ciudades del país. Y el acto principal,
llevado a cabo en la ciudad de Buenos Aires, culminó con la entrega a los
legisladores nacionales de un petitorio orientado a que el Congreso evite que
tal ajuste finalmente se concrete.
El
proyecto de Presupuesto 2017 enviado por el Poder Ejecutivo a las cámaras
legislativas contempla un recorte superior al 30%, en términos reales, respecto
del presupuesto de este año para el sector. Es decir, no solo no contempla un
incremento de las partidas como el gobierno de Cambiemos había prometido
durante la campaña electoral, sino, por el contrario, una disminución que
implica un retroceso que preocupa a la comunidad científica y académica.
La
disminución de recursos prevista afectará particularmente al CONICET, que
tendría muchas dificultades no solamente para incorporar nuevos investigadores
sino también para mantenerse operativo.
Entre
los argumentos que la comunidad científica expone para rechazar la disminución
presupuestaria se encuentra el riesgo cierto de que se vean afectados los
aportes que los investigadores hacen al fomento del desarrollo económico
soberano.
Es que
el recorte, además de afectar a los organismos dependientes del Ministerio,
también aqueja a organismos descentralizados como el Instituto Nacional de
Tecnología Agropecuaria, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial,
Fabricaciones Militares, el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas
para la Defensa, el Instituto Nacional del Agua y la Comisión Nacional de
Energía Atómica. Los más afectados son el INTA y el INTI, que verían
restringidos sus recursos en un 25 y un 27%.
Los
investigadores también temen que, de persistir esta tendencia, se revierta el
proceso de repatriación de "cerebros” operado en los años anteriores y, como
sucedió entre fines de la década del ´90 y principio de este siglo, la falta de
recursos para becas y los insumos necesarios para las tareas de investigación
obligue a que muchos opten por emigrar buscando horizontes en países más
proclives a la promoción de la ciencia.
Se sabe
que el presupuesto está lejos todavía de ser ley. La propuesta del Ejecutivo
está siendo evaluada y, para que prospere, requiere de la aprobación de la
mayoría de las dos cámaras del Congreso.
La
movida de la comunidad científica y los argumentos expuestos pueden hacer
modificar el proyecto original, reorientando los recortes presupuestarios hacia
gastos que tengan un impacto más reducido y con menos relevancia estratégica.
El
propio ministro Luis Barañao, que viene de la gestión nacional anterior, admite
que "los científicos tiene razón”. Habrá que ver si el oficialismo nacional
tiene la voluntad de recapacitar –gesto que no caracterizaba a las gestiones
kirchneristas-, evitando convalidad una política de achique cuyas consecuencias
se verán inevitablemente en el mediano y largo plazo.