También nos apoyamos en la información de los medios de prensa, la cual
nos permite asumir como verdadera la conclusión de que la reciente inundación
de Bañado de Ovanta se dio, básicamente, como consecuencia del taponamiento de
la alcantarilla sobre la Ruta 64, la que pasó a actuar como un dique de
contención ante las caudalosas aguas que bajaban por el río, las cuales
obviamente superaron los límites del cauce y se desbordaron inundando el
pueblo. Hasta aquí el fenómeno natural. Para comprender cómo se llegó a esta
situación creemos importante esclarecer la relación de cada uno de los
participantes en su relación con la geografía, o sea el pueblo y el río.
El Pueblo
Según el mapa satelital de Google, Bañado de Ovanta se
encuentra encajonado en un terreno que podría asimilarse a un plano inclinado
de Oeste a Este, hacia los terrenos bajos donde el río vierte sus aguas. Ese declive
se extiende hacia la Ruta 157. Sobre la Ruta 64, que lo divide en dos, está la
plaza central del pueblo a 475 metros sobre el nivel del mar.
Ese plano inclinado en que el pueblo se asienta tiene
como límite el río hacia el Oeste, que en el puente acusa una altura de 478
metros sobre el nivel del mar, o sea 3 metros por encima de la plaza. Hacia el Este
el límite de ese plano inclinado termina en un terreno que sube un algunos
puntos a 480 metros sobre el nivel del mar. Por detrás del pueblo, hacia Las
Tunas, el terreno sigue en subida.
En conclusión, estos datos exponen y revelan una
situación geográfica un tanto precaria para esta localidad, al encontrarse un
tanto encajonada y a un nivel inferior al terreno que la delimita por ambos
costados, especialmente con respecto al río, y por detrás, hacia los cerros. Esto
explicaría por qué se inundó una vez que la alcantarilla se taponara y fuera
sobrepasada por la corriente de agua.
Esto no debería sorprender, sin embargo. Por algo el
pueblo lleva el nombre que tiene, el cual hace honor al lugar en que se
encuentra: un bañado o humedal que de vez en cuando recobra su función
colectora de agua y el espacio que la mano del hombre le quitara a lo largo de
los últimos 400 años. Por eso su tendencia a inundarse. Esta es la realidad
goegráfica a la cual se enfrenta Bañado de Ovanta y que no se puede cambiar, a
lo sumo mitigar.
Es interesante
notar que a unos 700 metros del centro del pueblo hacia el Sur, o sea hacia Las
Tunas, el terreno y el río empiezan a tener la misma elevación sobre el nivel
del mar. Esto sugiere que si nuestros antepasados hubieran fundado el pueblo a
esa distancia de donde está ahora, Bañado de Ovanta no se inundaría.
El dato es interesante porque de verificarse esta
información sobre el terreno, el pueblo debería buscar su expansión urbana
hacia el Sur y el Sureste, que es hacia donde el terreno sube, para no quedar a
merced de un río más elevado.
Por el contrario, al lado Norte y Noreste de la ruta,
que es hacia donde baja el terreno, debería reservarse a la agricultura y a
actuar como amortiguador de crecientes. Esto de dejar terrenos de alivio a las
crecientes es de práctica común en los países bajos.
Este dato también es importante de pensarse en un muro
de contención hacia arriba del río.
El río
Hablemos de su configuración sobre el terreno. Como
todo río de montaña, tener una idea de su pendiente es importante para estimar
los efectos de la velocidad de su caudal. A 1 km del puente esa altura sobre el
nivel de la plaza ya es de 5 metros; a 2 km es de 7 metros, a 3 km es de 10
metros, a 4 km es de 14 metros y así sucesivamente, lo que demuestra la
existencia de una pendiente elevada y normal para un río serrano. Obviamente,
esta pendiente influye directamente en el río aumentando la velocidad del cauce
y su efecto, que puede ser importante, como veremos a continuación.
La velocidad del cauce tiene dos impactos importantes
en la dinámica de un río. El primero es el de una mayor capacidad de erosión en
las márgenes, causa principal de los desbarrancamientos que, a su vez,
arrastran la vegetación que crece a ambos lados del cauce. De este proceso destructivo
provinieron obviamente los árboles y ramas que taponaron la alcantarilla en la
ruta 64, que luego generó la inundación.
El segundo efecto se da en la zona de encuentro de
caudales a distinta velocidad dentro del río, causados por el cambio de
pendiente de éste. Esto se traduce en un aumento del nivel y en una mayor
turbulencia. Obviamente, esto puede afectar las márgenes causando derrumbes y,
de ser considerable la disparidad de velocidades, hasta desbordar el río.
Desconocemos que pasa en este río aguas arriba del puente, tarea que sería
interesante llevar a cabo por parte de especialistas a fin de conocer la dinámica
del río.
Del puente aguas abajo o quizás un poco antes, el
problema es el inverso. Aquí la pendiente del río es menor, lo que disminuye la
velocidad del caudal. A 1 km del puente el río todavía está a 1 metro por
encima de la plaza, y a 2 km el río ya está 2 metros por debajo de ella,
mientras continúa su descenso hacia los terrenos bajos en los cuales vierte su
agua; o sea el bañado en sí.
Al bajar la velocidad del caudal el problema ahora es
la acumulación de sedimentos. Esta acumulación de material de arrastre, arena,
barro, piedras, etc, tiene dos impactos. Al río le quita profundidad, lo cual
disminuye su posibilidad de acomodar los caudales que se le presentan. Imagínemos
lo que pasa si a esto le agregamos árboles, ramas o animales muertos. No es de
descartar que la presencia de estos sedimentos haya contribuido al atoramiento
de la alcantarilla al momento de la
inundación del pueblo. Obviamente, remover estos productos arrastrados y
depositados por el cauce es primordial.
Con respecto al bañado, que es donde el río expande sus
aguas, el aumento de la sedimentación hace que el terreno de descarga vaya
perdiendo profundidad con el tiempo. Esto impide al río manejar su caudal. Que
el agua haya permanecido en Bañado de Ovanta y no se haya escurrido en forma
rápida hacia el bajo, es muy probable que tenga relación con el hecho de que el
bañado se encuentre tapado con altos niveles de sedimento. Como decimos más
arriba, este terreno baja y se encuentra con la Ruta 157 a varios kilómetros de
distancia de Bañado de Ovanta, hacia el Noreste. Considerar la posibilidad de limpiarlo
y dragarlo para que recupere en parte su espacio original, quizás no sea una
idea descabellada. Los especialistas tienen la palabra.
Otras tareas
Es fundamental la limpieza del río para mantener su
capacidad para el manejo de caudales importantes. Como el último desastre lo
demostró, el río demanda un monitoreo constante y el mantenimiento de sus
márgenes limpio de vegetación. Un río sucio y lleno de ramas de árboles pierde
velocidad, lo cual le quita capacidad de drenaje y aumenta el riesgo de
inundaciones. Esto es fundamental sobre todo aguas arriba del puente, donde el
peligro de los desbarrancamientos es mayor al aumentar la pendiente del
terreno.
El monitoreo y limpieza de las márgenes del cauce es
tarea que puede y debe acometer el municipio, bajo la supervisión de la
repartición provincial que tenga a su cargo la supervisión de los ríos. Estas
tareas no deberían ser cargadas a la responsabilidad de Vialidad de la
Provincia, que ya tiene bastante con el mantenimiento de rutas, caminos y
puentes. El municipio, por estar con su personal y recursos al lado del río, es
el que está en mejores condiciones de por lo menos inspeccionar periódicamente
el cauce y advertir a las autoridades de las anomalías que se observen.
Se ha hablado en algunos momentos de la
construcción de un terraplén de contención de creciente. Advertimos que el tema
es más serio de lo que parece. Tal obra es mucho más que un simple bordo de
tierra apisonado en la margen del río. El diseño y la construcción del mismo
requiere un estudio previo del mismo y de su dinámica, para luego definir los
agregados apropiados al tipo de suelo, y que se deben usar en su construcción.
Permítaseme recordar que en los EE.UU. la construcción de estas defensas es un
tema al que aún la ingeniería no le ha encontrado la solución definitiva. El
desastre de Nueva Orleans durante el huracán Katrina ha demostrado que no está
dicha la última palabra en el tema. Lo dijo el Cuerpo de Ingenieros del
Ejército de EE. UU., que diseñó y supervisó el talud de protección en ese lugar
y también a lo largo de miles de kilómetros del Río Mississippi.
Un puente nuevo
No deja de sorprender el que un reclamo popular incluya la demanda de
construir un puente que reemplace la alcantarilla existente. Según se infiere
de las protestas, la idea que alimenta ese reclamo sería la de creer que un
puente servirá de protección a una nueva inundación. Sin dudar que el tráfico
por la zona sería mejor servido por un puente en vez de una alcantarilla,
creemos necesario advertir que el puente no juega ningún papel de prevención
frente a una inundación. La foto que sigue de un puente en la localidad de
Wimberley, en Texas, que hace pocos días fue arrasada por una inundación ilustra
este punto.
Finalmente, permítasenos reclamar la necesidad de
aplicar un enfoque multidisciplinario en el manejo de este problema. Lo que se
ha visto hasta ahora parece seguir la lógica de siempre en la administración
pública, de hacer lo que se pueda de la mejor manera posible con lo poco que se
tiene. Si esta es la dinámica impuesta, el problema se resolverá a medias y a
la población no le quedará otro recurso que "cruzar los dedos” y encomendarse a
la Providencia. Creemos que nuestros profesionales pueden dar mucho más. Por
eso reiteramos que el problema de Bañado de Ovanta reclama un estudio integral,
no solamente para saber a qué nos enfrentamos en nuestro intento de manejar un
río, sino para saber qué dinámica urbana sugerirle, teniendo en cuenta su
comprometida ubicación geográfica. No hacerlo implicará caer en el riesgo de
que este pueblo vuelva a quedar a merced
de un río indomable, que parece no olvidar sus derechos naturales a ocupar un
espacio que en algún momento se lo robaron.