martes 7 de abril de 2026
EDITORIAL

Conflictos que se retroalimentan

Por Redacción El Ancasti

Los sangrientos asesinatos en masa provocados el viernes pasado en París constituyen un engranaje más de la violencia que enfrenta a las potencias occidentales con el fundamentalismo islámico, que, menguado el poder de fuego de Al Qaeda, encuentra en el ISIS, un desprendimiento de aquella organización, su expresión más sangrienta.

El problema no solo radica en los atentados en sí mismos, que sintetizan la crueldad humana en su máxima expresión, sino también en las repercusiones y secuelas que generan. Algunas de ellas se pueden vislumbrar en la primera reacción del gobierno francés, que decidió declararle la guerra al Estado Islámico y restringir las libertades individuales. 

Nada bueno puede surgir de esta postura. Los bombardeos franceses a posiciones del Estado Islámico en Siria tienen un alto costo en muertes civiles de las que poco habla la prensa occidental. Las muertes de inocentes en los países pobres poco importan, o al menos importan muchísimo menos que las muertes en los países centrales. El mundo se enteró casi en tiempo real de la masacre parisina, pero casi nada sabía de los 44 muertos que había causado el ISIS en atentados perpetrados en Beirut un día antes, asesinatos que se suman a otros episodios horrorosos entre los que se cuentan fusilamientos de niños y decapitaciones masivas.

Tampoco tuvo tanta trascendencia el bombardeo estadounidense a un hospital de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras en Afganistán, que causó 19 muertos entre pacientes y profesionales.

Respecto de la restricción de las libertades, en Francia se manifiesta en la declaración del estado de emergencia por tres meses, lo que implica la vigencia de un dispositivo que autoriza los arrestos y los allanamientos domiciliarios sin necesidad de una orden judicial. 

Estas restricciones severas a derechos individuales encuentran su justificativo en la lucha contra el terrorismo, pero los antecedentes indican que la ampliación de atribuciones a fuerzas armadas y de seguridad por razones extraordinarias terminan generando graves violaciones a los derechos humanos de personas que nada tienen que ver con los hechos que se investigan. 

Otra consecuencia negativa de esta serie de atentados es que puede ocasionar restricciones o, incluso, persecuciones a los inmigrantes que llegan en oleadas como refugiados a Europa. Es que, según se sospecha, algunos de los que ingresaron por esa vía al viejo continente podrían haber participado de los atentados terroristas de París.

El espiral de violencia parece no detenerse porque es alimentado por ambas partes. El poder de fuego de las potencias occidentales es inmensamente superior, pero la ventaja del Estado Islámico radica en su capacidad operativa para cometer atentados terroristas en el corazón de los países occidentales.

La guerra, entonces, no es el camino. En sintonía con el mensaje que viene transmitiendo el Papa Francisco en cada oportunidad que tiene, el mundo tendrá que buscar otros caminos, de paz y de diálogo, para resolver estos conflictos que se retroalimentan permanentemente. 


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