lunes 6 de abril de 2026
Editorial

Violencia en las escuelas: la necesidad de una mirada integral

La violencia en las aulas ha dejado de ser un fenómeno episódico para consolidarse como una problemática estructural de escala global. Un informe conjunto de UNESCO, UNICEF y OMS revela que la mitad de la población estudiantil mundial ha sufrido o ejercido algún tipo de maltrato en el ámbito escolar. Más aún, se estima que mil millones de niños y adolescentes de entre 2 y 17 años han sido víctimas de alguna forma de violencia en ese entorno. Las cifras confirma que existe un entramado complejo y multicausal que exige un abordaje serio, integral y sostenido en el tiempo.

Resulta, en este sentido, una paradoja difícil de evadir que la escuela, concebida históricamente como un espacio de resguardo, aprendizaje y socialización, se encuentre atravesada de modo tan extendido por prácticas que contradicen su propia razón de ser. Y no se trata de episodios aislados, sino de manifestaciones persistentes que interpelan tanto a los sistemas educativos como a las sociedades en su conjunto.

La discusión adquiere una especial sensibilidad cuando aún resuena el eco del crimen de un alumno a manos de otro en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe. Frente a hechos de esta naturaleza, existe el riesgo de caer en lecturas reduccionistas. De modo que se impone la necesidad de promover un debate público responsable, que no eluda la complejidad del fenómeno ni busque soluciones inmediatas para problemas que se han gestado durante años.

En este contexto, la escuela debe asumir un rol que excede la mera transmisión de contenidos. Es imperativo que se consolide también como un espacio donde niños y adolescentes aprendan a gestionar sus impulsos, a canalizar conflictos, a reconocer límites claros -que deben ser respetados por todos los integrantes de la comunidad educativa- y, fundamentalmente, a convivir desde el respeto mutuo. Esta dimensión formativa, muchas veces relegada, resulta hoy tan crucial como la enseñanza de saberes académicos.

En la Argentina, sin embargo, la ausencia de un plan integral para abordar la violencia escolar evidencia una falencia más amplia del sistema educativo. No se trata de un déficit aislado, sino de una manifestación de una carencia estructural: la falta de una estrategia nacional consensuada y de largo plazo. Desde 1984, cuando se llevó a cabo el último Congreso Pedagógico, el país no ha generado un ámbito de encuentro que convoque a toda la comunidad educativa con el objetivo de diseñar un proyecto común.

Esta fragmentación en el análisis y la formulación de políticas educativas ha derivado en respuestas parciales, muchas veces inconexas, que dificultan la implementación de planes sistemáticos. Así, la violencia en las aulas, como otros tantos problemas, queda atrapada en diagnósticos reiterados pero sin soluciones de fondo. Superar este estado de cosas exige recuperar una mirada integral, capaz de articular esfuerzos y de proyectar, más allá de la coyuntura, una política educativa que esté a la altura de los desafíos del presente.n

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