29 de septiembre de 2013 - 00:00
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Recordando a Mons. Gerardo Sueldo
La vida de este insigne sacerdote nos hace pensar a los cristianos que -como decía Teresa de Calcuta- si no vivimos para servir, no servimos para vivir. En realidad, este es un principio evangélico, que es como un eje central en la vida del que quiere vivir este mensaje. No hay otra. Si uno quiere seguir a Cristo, tiene que hacerse un servidor de los demás. Este principio de vida cristiana, lo encarnó nuestro querido Padre Sueldo. En él, la idea era meridianamente clara: sintiéndose guía o conductor de la comunidad, fue su primer servidor. Esto no es una tarea sencilla. Es una exigencia por demás dura. En el contexto del evangelio, es una condición para ser cristiano. Por eso su suerte fue la de su Maestro. Murió como fiel testigo del mensaje que predicó.
Mirando el espectro social en relación al servicio que deben prestar quienes son los guías de la comunidad, me pregunto: ¿son verdaderos servidores o se sirven de esa condición? Quienes ejercen el poder político hasta los sacerdotes, ¿en qué dirección están? ¿Tienen algún paradigma que direccione el quehacer de conductores? Al fin son asuntos que se deben plantear permanentemente los responsables de estar al frente de una comunidad. Si no se hace, quien sabe si se están haciendo bien los deberes.
Monseñor Sueldo vivió en total compromiso con el hombre y la realidad en el lugar que le tocó actuar. No fue por otra razón el impacto que causó en la comunidad nacional la noticia de su muerte. Por otra parte, esta actitud de vida molestó a ciertos hombres del poder político como también a determinados sectores de la Iglesia. A quienes hemos leído la Biblia alguna vez, esta situación nos retrotrae a la experiencia de vida en los profetas del Antiguo Testamento. Denunciar la injusticia padecida por los pobres era el delito de estos hombres de Dios.
Por cierto que sobran los méritos para recordar al distinguido sacerdote catamarqueño. Sobran las razones para no olvidar a este hombre de bien, a este estudioso de la realidad regional, al sacerdote comprometido con la realidad humana y a un ser que amó profundamente al hombre, al que sintió como verdadero hermano. Fue un fiel intérprete y predicar del Mensaje de Cristo. Monseñor Sueldo fue nada menos que un predicar del amor entre los hombres, que no es otra cosa que el amor a Dios. ¡Cómo no recordarlo!
Lorenzo Aybar
lorenzaybar@hotmail.com
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