Militantes de las cuatro esquinas del país acudieron a las calles de Washington para expresar, de manera colorida y a veces violenta, los temores del "Estados Unidos de las minorías" ante el nuevo presidente Donald Trump.
Cerca del Capitolio se enfrentó la policía con cientos de jóvenes manifestantes, muchos de los cuales llevaban chaquetas con capucha y bufandas negras, características del grupo Black Block, un movimiento radical y a menudo violento.
Se podían ver vidrieras rotas de entidades bancarias, tiendas y locales de comida rápida y algunos automóviles dañados.
En otros incidentes en el centro de Washington, no lejos de la Casa Blanca, entre 400 y 500 manifestantes lanzaron proyectiles contra agentes de policía antidisturbios, a lo que las fuerzas del orden respondieron con gases lacrimógenos.
La policía de la ciudad indicó a comienzo de la tarde haber detenido "a unas 95 personas" tras los disturbios.
"Los daños materiales no me molestan", explicó Scout Holiday, de 21 años, estudiante de la Universidad de Michigan (norte). "Es lo que sucede cuando la gente está en cólera, y hay un montón de razones para estar en cólera hoy", añadió.
En otro punto de encuentro de los manifestantes, donde algunos bailaban y cantaban pacíficamente, Sammy Lett, que vino en autobús desde Wisconsin (norte), explicó su inquietud, envuelto en una gran bandera con un arco iris, símbolo de la comunidad homosexual.
"Todos aquellos que no son hombres blancos heterosexuales tienen motivos para inquietarse", opinó. "Vivimos una época aterradora de la historia de nuestro país. Trump no tiene ningún control sobre sí mismo, y viola los derechos más elementales de la gente", advirtió.
Shelley Boddie, una mujer negra procedente de las afueras de Washington.