miércoles 17 de junio de 2026

España y Hungría agravan la crisis económica de Europa

Crisis que se asemeja en características y profundidad a la vivida por Argentina en 2001.

A dos semanas de asumir el poder, el nuevo gobierno de España presidido por Mariano Rajoy ha abandonado sus promesas electorales, adentrándose en una espiral de aumentos impositivos y recortes de



gastos que alejan cualquier recuperación de la economía.



Más grave aún resulta la bancarrota sin atenuantes a la que se enfrenta el gobierno de Hungría, de signo conservador al igual que el de Madrid, en una crisis que se asemeja en características y



profundidad a la vivida por Argentina en 2001.



De hecho, la agencia de calificación crediticia Fitch redujo la semana pasada a la categoría de basura los bonos soberanos de Hungría, un inequívoco indicativo de que el mercado considera impagable la deuda contraída por Budapest.



Hungría tiene actualmente graves problemas para financiar su deuda pública, una situación que arrastra desde que agotó, el año pasado, los 20.000 millones de euros que obtuvo en 2008 del FMI.



El forint, la moneda nacional, cotiza a sus mínimos históricos contra el euro, 324 unidades a uno, y se ha devaluado alrededor de un 20% desde julio a la fecha, debiendo pagar una tasa de interés del 10% para colocar sus títulos de deuda en el mercado.



De hecho, el país depende ahora mismo de que el FMI y la Unión Europea (UE) le renueven sus ayudas y, de esta manera, evitar la declaración de la cesación de pagos o default .



El primer ministro nacionalista, Viktor Orban, ha dicho que está dispuesto a llegar un acuerdo tan pronto como sea posible con la UE y el FMI, pero las diferencias que separan a éstos de Budapest son muy grandes.



Un crédito contingente (stand-by) del Fondo está sujeto a que Orban acepte respetar la independencia del Banco Central (vulnerada por una ley aprobada en 2011) e, incluso, que dé marcha atrás en la



estatización de los fondos de pensiones privados realizada también el año pasado.



Hungría debería proceder, obviamente, a diseñar un plan de ajuste en la línea de los exigidos por el FMI y evitar así un default de su deuda que arrastraría a los bancos, incluidos los extranjeros que tienen filiales en ese mercado.



No se debe olvidar que las entidades financieras locales y extranjeras han concedido, en el mercado local, créditos hipotecarios denominados en euros cuya devolución se convertiría en una quimera en caso de una declaración de cesación de pagos. Un cuadro exactamente igual al que debió enfrentar Argentina en 2001-2002.



Mientras Hungría se suma así a la presión que ejerce la situación de Grecia sobre la economía y el sistema financiero europeo, el gobierno español batalla con una receta ultra-ortodoxa para poner en orden las cuentas fiscales y frenar la fuga de capitales iniciada hace meses. En apenas 15 días de gestión, Rajoy ha perdido la confianza de un 58% de los españoles, de acuerdo con una encuesta realizada por el diario conservador El Mundo, de Madrid, al incumplir con sus promesas electorales de no aumentar los impuestos. El líder del Partido Popular y presidente del gobierno, que acusó a su antecesor, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, de golpear a las clases medias, ha hecho su debut con un paquete de duras medidas que afectan a éstas.
Seguí leyendo

Te Puede Interesar