miércoles 17 de junio de 2026

Líderes mundiales y el pueblo checo despidieron a Vaclav Havel

Es el dramaturgo disidente que encabezó la pacífica revolución de 1989 que derrocó al régimen comunista.

El pueblo checo y líderes internacionales despidieron ayer los restos del ex presidente de la República Checa, Vaclav Havel, en una ceremonia fúnebre con la que concluyó una semana de duelo por la muerte del dramaturgo disidente que encabezó la pacífica revolución de 1989 que derrocó al régimen comunista luego de cuatro décadas.



Las campanas replicaron en la catedral de San Vito en el castillo de Praga, residencia de reyes y presidentes, y el sonido de una sirena marcó el momento en el que el país se detuvo para guardar un minuto de silencio en memoria del primer presidente elegido democráticamente tras la denominada Revolución de terciopelo.



Cubierta por un velo negro, la viuda de Havel, la actriz Dagmar Havlova, se sentó en la primera fila en una ceremonia oficiada por el arzobispo Dominik Duka, líder de la Iglesia católica checa, celebrada en la imponente catedral gótica que data del siglo X y que no había sido utilizada para un funeral de Estado desde 1875, informó la agencia de noticias Europa Press.



El ataúd de Havel fue apoyado en el suelo, cubierto por una bandera checa, en el centro de la catedral a la que también asistieron amigos del dramaturgo como el canciller checo, Karel Schwarzenberg; la ex secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, de ascendencia checa; y el actual presidente checo, Vaclav Klaus, rival político de Havel.



La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, y su marido, el ex presidente Bill Clinton; el primer ministro británico, David Cameron; y el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, asistieron también al funeral.



Havel, un dramaturgo y disidente que murió el domingo a los 75 años tras una larga enfermedad respiratoria, pasó cinco años en la cárcel por sus críticas al gobierno comunista antes de convertirse en presidente de lo que entonces era Checoslovaquia, a fines de 1989.



Dejó la presidencia checa en 2003, pero siguió siendo un símbolo de la lucha por la libertad y los derechos humanos, aunque su afirmación de que la verdad y el amor deben vencer sobre la mentira y el odio se volvió amarga para algunos checos ante los problemas económicos y la corrupción en los años que siguieron al fin del gobierno comunista.
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