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Más de 440 muertos en una de las peores catástrofes de Brasil

La presidenta Dilma Rousseff sobrevoló ayer el área devastada y prometió acciones firmes.
14 de enero de 2011 - 00:00
El saldo de víctimas de los deslizamientos de tierra y agua ocurridos en la turística región de montaña al norte de Rio de Janeiro ascendió ayer a al menos 442 muertos, según el último balance provisional de la que se considera una de las peores catástrofes ocurridas en Brasil.

Varios municipios de esa región a 100 km de Rio sufrieron masivos deslizamientos de tierra y ríos desbordados que se llevaron consigo a personas, casas, árboles y todo lo que encontraron por delante.

La presidenta, Dilma Rousseff, sobrevoló el área devastada y recorrió a pie varias calles de Nova Friburgo, una de las localidades más castigadas por la tragedia, donde prometió acciones firmes de gobierno.

Es un momento muy dramático. Las escenas son muy fuertes, dijo Rousseff después.

En Nova Friburgo, una ciudad industrial y agrícola 140 km al norte de Rio de Janeiro que amaneció incomunicada, al menos 201 personas murieron, informaron los servicios municipales a los medios de comunicación locales.

En la turística Teresópolis, unos 100 km al norte de Rio, 185 personas perdieron la vida, y en la vecina Petrópolis, una ciudad imperial, fueron 39, informaron las alcaldías a la AFP. A esas ciudades se sumó Sumidouro, donde fueron reportados 17 fallecidos.

Entre las víctimas hay muchos niños y también ancianos que son los que más difícilmente podían protegerse cuando las trombas de agua y lodo se llevaron las casas por delante, dijo el alcalde de Teresópolis, jorge Mario Selacek.

Una situación esperanzadora en medio de la desolación fue el rescate con vida de un bebé de seis meses, que pasó 15 horas semi sepultado por el lodo, protegido por los brazos de su padre. El rescate del pequeño Nicolás duró cuatro horas y fue conmemorado con aplausos, vítores y lágrimas por la gente y los bomberos. El padre fue rescatado poco después.

El saldo de fallecidos aumentaba hora a hora a medida que los servicios de socorro llegaban a las zonas más remotas.
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