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Lluvia extrema y urbanización "irresponsable"

14 de enero de 2011 - 00:00
La mayor tragedia natural provocada por la lluvia en décadas en Brasil, ocurrida la madrugada del miércoles en una turística área montañosa de Río de Janeiro, fue producto de lluvias extremas y de la urbanización irresponsable, dijeron ayer expertos y autoridades.

Tres municipios distribuidos en valles rodeados de altas montañas, tradicionales lugares de veraneo hacia los que huyen del calor de Río de Janeiro, se convirtieron en pocas horas, en la madrugada del miércoles, en un escenario de devastación.

Tras días lloviendo continuamente, tuvimos una lluvia absolutamente extraordinaria. En ocho horas llovió lo previsto para todo el mes y eso provocó avalanchas con piedras y tierra, que fueron ladera abajo, llevándose las casas por delante, explicó a la AFP el coordinador del laboratorio de Hidrología de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Paulo Canedo.

Casas de lujo, posadas de veraneo, barrios de clase media y comunidades pobres, unos autorizados y otros ilegales, pagaron con la misma intensidad la furia de la montaña y la lluvia.

Fue una tragedia natural, potenciada por la urbanización irregular, que fragiliza la naturaleza, aumenta el número de víctimas y ayuda a promover las avalanchas, porque una casa derrumbada aumenta ese alud ladera abajo, dijo.

En palabras del secretario de Medio Ambiente del Estado de Río de Janeiro, Carlos Minc: Lo que ha ocurrido es una combinación de catástrofe natural con la irresponsabilidad histórica de varios alcaldes, algunos de los cuales incluso estimularon la ocupación de las laderas con viviendas.

La vivienda en áreas de riesgo en Brasil es la regla, no la excepción, denunció la presidenta Dilma Rousseff, tras visitar la región devastada este jueves.

A su lado, el gobernador de Río, Sergio Cabral, denunció que desde el inicio de los años 80, las tres ciudades devastadas por los aludes de tierra y agua sufrieron la desgracia del populismo, (que significó) la permisividad para ocupar (áreas de riesgo) de una manera irresponsable. Y cuando ocurre la mayor desgracia, la abrumadora mayoría (de víctimas) es gente humilde.
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