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Culminó la primera fase de recuperación física de mineros

El júbilo por saber que están vivos cede rápido terreno por las condiciones laborales de los trabajadores.
31 de agosto de 2010 - 00:00
El gobierno chileno dijo ayer que terminó exitosamente la primera fase de recuperación física de los 33 mineros atrapados 700 metros bajo tierra en el desierto de Atacama.

Les dimos sus medicamentos, les tomamos exámenes, medimos su presión, pulso, temperatura, circunferencia abdominal todos los días, les administramos vacunas y logramos un flujo adecuado de agua y nutrientes, resumió el ministro de Salud, Jaime Mañalich.

El funcionario agregó que ahora, y dado que los mineros deberán estar tres a cuatro meses bajo tierra hasta su rescate, comenzará una fase de estabilidad.

Mañalich, no obstante, sostuvo que esa estabilidad no es sinónimo de normalidad.

Es una situación única tener que pensar en tres meses en que los mineros van a tener que vivir en su campamento (subterráneo), que han denominado el campamento de los 33, en condiciones de extremo aislamiento y dependiendo del mundo exterior a través de un conducto que mide 700 metros de largo y ocho centímetros de diámetro, dijo, según difundió la agencia de noticias DPA.

Mañalich, quien calificó la permanencia de los mineros bajo tierra como una epopeya, agregó que las condiciones de humedad que enfrentan los trabajadores son negativas para su salud.

Pueden darse epidemias o micro epidemias muy graves. Tenemos que preverlas y ser estrictos en no producir un disturbio desde afuera en el ambiente en que están viviendo, explicó.



Repercusiones

Las tapas de los diarios chilenos cubren ayer de modo excluyente el caso de los 33 mineros atrapados en la mina San José, pero el júbilo que explotó tras saberse que estaban vivos cede rápido terreno a la preocupación por la salud y las condiciones laborales de los trabajadores de este sector, clave en la economía chilena.

Análisis médicos dados a conocer ayer indicaban que los hombres atrapados bajo 700 metros de tierra presentan cuadros de desnutrición aguda y deshidratación y que la mayoría de ellos bajó alrededor de 10 kilos, por lo que será necesario más líquido que el que se les viene enviando.

Para cada uno de ellos se enviarán desde mañana 3 litros de agua, 800 calorías y 500 cc de alimentos.

El trabajo psicológico sobre las víctimas directas y sobre sus familiares, muchos de los cuales montan guardia en un campamento al lado de la mina, es intenso y toda comunicación entre ellos es supervisada por equipos de expertos, con el objetivo de que ningún mensaje impacte negativamente sobre su equilibrio emocional.

La humedad del cerrado ambiente en que se encuentran, por otra parte, aumenta el riesgo de problemas cutáneos y micosis (hongos), por lo que se contempla en envío de medicamento a través de la sonda.

En tanto, un síntoma claro del cambio de foco en las preocupaciones del ejecutivo chileno respecto al tema, fue que el titular de Minería, Laurence Golborne, fue reemplazado por el Ministro de Salud, Jaime Mañalich, en la entrega de informes periódicos a la prensa en el campamento aledaño a la mina.

Paralelamente, crece el debate sobre las precarias condiciones laborales de los trabajadores de las minas y la escasa fiscalización estatal de que es objeto.

Sobre este tema, el diputado Lautaro Carmona, en conversación con Télam, dijo que lo que ocurrió en la mina -propiedad de la empresa San Esteban- es la manifestación más extrema de lo que es el sistema neoliberal en Chile, que no armoniza las ganancias del empresario con las mínimas condiciones de seguridad de los trabajadores. El estado debería fiscalizar que el empresario cumpliera, pero en esta región de Atacama, donde existen más de mil puntos mineros existen dos fiscalizadores que ni siquiera cuentan con la infraestructura adecuada, como camionetas de doble tracción, para efectuar su tarea, apunta Carmona, diputado del Partido Comunista por Copiapó, la región de la tragedia.
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