miércoles 13 de mayo de 2026

Ponen fin a los ataques islamistas en India

BOMBAY, India- Las fuerzas de seguridad indias pusieron fin en Bombay a más de dos días de ataques de islamistas que dejaron al menos 195 muertos, entre ellos 27 extranjeros, y un aumento de la tensión con Pakistán, molesto con India por haberle apuntado su dedo acusador.

Los comandos indios mataron ayer por la mañana a los tres últimos islamistas que quedaban atrincherados en el lujoso hotel Taj Mahal, afirmó la policía, al anunciar el final del asalto.

Todos los terroristas resultaron muertos, declaró Hassan Gafoor, jefe de la policía de Bombay, casi 60 horas después de que se iniciaran los ataques en varios puntos de Bombay.

Dijimos que quedaban tres terroristas (...) y tenemos tres cadáveres, anunció el jefe de la Guardia de Seguridad Nacional de India, J.K. Dutt, quien aseguró que sus hombres recorrían habitación por habitación para verificar que la situación es segura.

El histórico Taj Mahal Palace era el último lugar de la ciudad donde aún se escondían algunos de los islamistas que participaron en los atentados del miércoles, después de que las fuerzas de seguridad realizaran incursiones el viernes en el hotel Oberoi/Trident y en un centro judío, también ocupados por hombres armados.

Treinta y dos personas, de las que cuatro eran extranjeras, perdieron la vida en el hotel Trident/Oberoi, anunció ayer el propietario del complejo hotelero.

El saldo de los ataques de Bombay se eleva a 195 muertos y 295 heridos, aseguró un responsable del centro de gestión de catástrofes en Bombay.

Nueve asaltantes murieron en las operaciones de los comandos indios y uno fue detenido. También perdieron la vida 15 miembros de las fuerzas de seguridad.

Fuentes de los servicios de inteligencia indios declararon ayer a la AFP que ocho de los hombres armados se habían infiltrado en la ciudad hace un mes para llevar a cabo misiones de reconocimiento como preludio a los ataques haciéndose pasar por estudiantes.

Los ataques contra la capital económica de India, emprendidos el miércoles por la noche, tenían como principal blanco a los extranjeros, con preferencia por los estadounidenses y británicos, así como un centro judío.

Eso no ha impedido a los fundamentalistas, armados hasta los dientes, golpear objetivos indios, como la estación de ferrocarril de Bombay y un hospital, con un saldo de 50 muertos.

La muerte de al menos 27 extranjeros -nueve israelíes, cinco estadounidenses, dos franceses, dos australianos, dos canadienses, un británico, una singapurense, un japonés, un italiano, una tailandesa, un alemán y un mauriciano, ha sido confirmada por sus países respectivos.

Esta cifra podría cambiar en el caso de que alguno de ellos tuviera doble nacionalidad.

En el terreno diplomático persistía una fuerte tensión entre India y su vecino y rival paquistaní, al que Nueva Delhi acusó abiertamente de estar implicado de alguna manera en estos ataques bien orquestados, sin por ello descartar la pista de Al Qaida.

Pakistán negó estar implicado en estos ataques, reivindicados por un misterioso grupo islamista, los Muyaidines del Decán, por el nombre de la meseta que ocupa el sur y el centro de India.

Ayer, el presidente paquistaní, Asif Ali Zardari, llamó a India a moderar sus reacciones para no entrar en el juego de los autores de este acto brutal que buscan desatar una reacción de venganza.

Zardari se comprometió a actuar sin miramientos si alguna prueba designa a un individuo o grupo paquistaní.

El viernes por la noche Islamabad echó leña al fuego al anunciar que sólo enviaría a India a un representante para la investigación, en vez de al jefe de los servicios secretos (ISI) como había anunciado.

En Bombay, el primer ministro indio, Manmohan Singh, se reunió ayer con responsables militares y de inteligencia para analizar lo sucedido y evitar que se repita. Horas antes conversó por teléfono con el presidente electo estadounidense Barack Obama, según un asesor de este último.

Los rehenes liberados, los policías y los soldados relatan escenas de horror. Es gente despiadada. Abrían fuego contra cualquiera que se encontrara frente a ellos, contó un militar.

Un asaltante declaró a una televisión que pedían el final de las persecuciones de los musulmanes en India (150 millones de personas sobre 1.200 millones, mayoritariamente hindúes).
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