jueves 13 de junio de 2024
Cara y Cruz

Salir de la insensatez

La media sanción en la Cámara de Diputados a una fórmula de actualización previsional impregnó...

La media sanción en la Cámara de Diputados a una fórmula de actualización previsional impregnó de incertidumbre el destino de la Ley Bases en el Senado.

La taimada astucia de los enclaves opositores para aprovechar la insignificante gravitación parlamentaria del oficialismo se conjugó con la inaudita torpeza del Gobierno y las agresivas veleidades épicas del presidente Javier Milei para demorar la respuesta al problema central que interpela a la gestión libertaria desde su ascenso: la construcción de un equilibrio político que suplante al que implosionó en las elecciones del año pasado.

Esta arquitectura, todavía pendiente, es más importante que cualquiera de las disposiciones que contiene la jibarizada Ley Bases, pues la irrupción de Milei, que para una mayoría todavía voluminosa habilita expectativas de terminar con la prolongada decadencia nacional, fue también una apuesta a lo desconocido.

El electorado libertario fue configurado por la frustración y el rechazo a los actores políticos que habían administrado el país en las últimas dos décadas, en especial al kirchnerismo que postuló a Sergio Massa. Esto surge de la mera lectura de los resultados: en la primera vuelta, Milei quedó estancado en el tercio de los votos que había obtenido en las primarias, y recién en la segunda, cuando ni Patricia Bullrich ni Juan Schiaretti estuvieron en la cancha, llegó al 56%.

El componente de adhesión a Milei también estaba, por supuesto, pero que casi la mitad del caudal del triunfo fuera ajeno marcaba claramente, junto al raquitismo parlamentario, la necesidad de trabajar en acuerdos para traducir las cifras electorales en poder político.

La conveniencia de satisfacer este imperativo, mayor por el despiadado costo social del ajuste, le fue marcada a Milei explícitamente hasta por el FMI. No por tácito fue menos claro el planteo de los inversores nacionales e internacionales: mucho aplauso a las desmesuras retóricas y franela, pero ni un dólar hasta que la escena no ofrezca garantías mínimas de sustentabilidad.

Milei agotó los primeros seis meses de su mandato en agredir a sus potenciales aliados y promocionarse como estrella del rupturismo internacional. Las oportunidades para robustecerse institucionalmente fueron muchas, pero las desaprovechó una a una.

Es improductivo internarse en conjeturas sobre malevolencias y segundas intenciones. En términos morales la oferta en el Congreso podrá ser surtida, pero hay un denominador común: el juego es controlado por expertos consumados en el arte de hacerse valer. Es un error suponer que el único móvil de la política es económico. También hay gente que se agota de ofrecer servicios y recibir como respuesta solo desprecio y ninguneo.

Diferentes objetivos se articularon en la sesión de la fórmula jubilatoria. Los que quieren derrotar a Milei se complotaron con los que están hartos de ser sometidos a escarnios gratuitos. En cualquier caso, lo que salió del plenario fue una rotunda desmentida a la omnipotencia que el Presidente pregona con extravíos como el de postularse como Terminator o ser un “topo” libertario infiltrado en el Estado para destruirlo desde adentro.

Los dislates han terminado por extremar su fragilidad. ¿Qué ocurriría si la Ley Bases es rechazada por el Senado? Nadie, ni siquiera los que ya han decidido votarla en contra, están en condiciones de decirlo.

Es seguro, no obstante, que el tembladeral en el que se encuentra el país se tornará todavía más inestable.

Ninguna ley servirá si el sistema político e institucional permanece trabado por la incompetencia y el extremismo ideológico.

La Argentina no necesita tanto de leyes bases como de sensatez.

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