Un hombre declarado culpable en juicio por jurados por delitos contra la integridad sexual y condenado a nueve años de prisión presentó un recurso de casación en la Corte de Justicia de Catamarca, a fin de revocar este veredicto popular. Ayer, en la sala de debates de la Oficina de Gestión de Audiencias (OGA) del Poder Judicial se llevó a cabo la audiencia de expresión de agravios. La Sala Penal de la Corte de Justicia deberá analizar los argumentos presentados y resolver si confirma o revoca la sentencia popular.
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Otro condenado en juicio por jurados recurre a la Corte de Justicia
Fue hallado culpable en un delito contra la integridad sexual y se le impuso una condena de nueve años de prisión.
En noviembre del año pasado, tuvo lugar este juicio por jurados. El hombre había llegado imputado por dos hechos de “abuso sexual gravemente ultrajante calificado por el vínculo continuado”. La víctima era de su entorno familiar. Un jurado popular integrado por 12 vecinos de la Capital, por unanimidad, lo halló culpable. En audiencia de cesura de pena, el juez director Miguel Lozano Gilyam impuso una pena de nueve años de prisión. Sin embargo, mantiene la libertad hasta que la sentencia quede firme.
Expediente
El acusado fue encontrado responsable de hechos ocurridos entre 2019 y 2020, cuando la víctima —cuya identidad se preserva— tenía entre 5 y 6 años de edad. El veredicto del jurado fue unánime y se lo declaró culpable de “abuso sexual gravemente ultrajante calificado por el vínculo continuado” (primer hecho) y “abuso sexual simple calificado por el vínculo” (segundo hecho). Es decir, con relación al segundo, el jurado popular lo declaró culpable por un delito menor: “abuso sexual simple calificado por el vínculo”.
Según la investigación, los ultrajes sucedieron entre 2019 y 2020, en el domicilio familiar. Los abusos se perpetraron en momentos en que el agresor no era visto por su esposa.
Condena
En audiencia de cesura de pena, el juez director Lozano Gilyam impuso una condena de nueve años de prisión. Además, se determinó que el condenado mantenga su libertad hasta que la sentencia quede firme. A tal fin debe cumplir pautas de conducta establecidas.
De acuerdo con los fundamentos de la condena, a los que El Ancasti pudo tener acceso, el juez valoró múltiples circunstancias agravantes al momento de determinar el monto de la pena. "La diferencia física entre víctima y victimario, encontrándonos frente a una relación asimétrica de poder físico. El acusado sometió a la víctima totalmente vulnerable por corta edad. No tenía posibilidad alguna física de imponerse sobre su verdugo", advirtió la sentencia. A la vez, destacó que el condenado es un hombre adulto en buen estado físico.
Otra circunstancia agravante considerada fue "la reiteración de los actos. No se trató de un hecho aislado, sino de más de un ataque a la integridad sexual de la víctima, perfectamente individualizados y cometidos entre 2019 y 2020. Esta repetición evidencia una persistencia delictiva y un desprecio absoluto por el daño infligido, pudiendo haber desistido voluntariamente, no lo hizo, no le importó, lo que agrava aún más su reprochabilidad".
Además, el juez remarcó como un factor agravante, que el acusado es una persona con nivel de instrucción, licenciado y docente. Para el juez director, esta característica conlleva un mayor deber de sujeción y respeto por el orden jurídico vigente. Es decir, ese grado de formación académica le otorgaba un conocimiento superior respecto de la ilegalidad de los actos desplegados y del marco normativo que protege a los niños, niñas y adolescentes.
"No obstante, este conocimiento no actuó como freno inhibitorio de su conducta, lo que permite afirmar un mayor grado de reprochabilidad en su accionar, en tanto actuó con plena conciencia de la gravedad del daño que podía ocasionar. Sin embargo, procedió motivado indudablemente bajo sus repudiables instintos sexuales", concluyó.
Una sombra en casa
El abuso sexual en la infancia (ASI) es una de las formas de violencia más devastadoras que pueden sufrir niños, niñas y adolescentes. Un dato crucial que los expertos siempre destacan es que la inmensa mayoría de estos abusos ocurren dentro del ámbito familiar. Los principales agresores suelen ser figuras cercanas como padres, abuelos, hermanos, tíos o primos.
Además de lastimar profundamente a las víctimas, el ASI destruye el núcleo familiar. En este contexto, el silencio se convierte en el peor enemigo.
Los agresores se aprovechan del miedo, la culpa y la manipulación para silenciar a sus víctimas y garantizar la impunidad de sus actos. Es por esto que algunos profesionales se refieren a la familia, en estos casos, como una verdadera "prisión". La vulnerabilidad de los niños y adolescentes se ve agravada por su inocencia, ya que no logran comprender la gravedad de los actos que sufren, especialmente si el agresor es una persona en la que confían.
Línea abierta
Ante la duda, sospecha o certeza, siempre se debe denunciar. La Línea 102 de Asistencia a Niños, Niñas y Adolescentes en Situación de Vulnerabilidad funciona como canal para consultar o informar.