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Editorial

Orcos y baldes: una visión elitista de la política

10 de septiembre de 2025 - 00:51

La aceptación de los veredictos electorales y la rectificación de rumbos si el sentido del voto así lo indica son virtudes democráticas que los gobiernos a veces honran y otras veces no. Luego de la aplastante derrota del domingo en la provincia de Buenos Aires, el presidente Javier Milei y los sectores libertarios que lo acompañan parecen haber optado por la segunda alternativa.

El rechazo al mensaje de las urnas y la apelación a la violencia discursiva aparecen, 48 horas después, como las actitudes predominantes en las opiniones del oficialismo, que además han renunciado a realizar una autocrítica sincera en materia de gestión y prácticas políticas. En sus redes sociales el propio Milei replicó una imagen de estilo épico que lo muestra como un caballero templario y los colores de la bandera inglesa, enfrentando a criaturas con rasgos de orcos que portan la bandera argentina. El posteo llevaba la leyenda: Acá no se rinde nadie, la batalla recién empieza. VLLC”. Los orcos son criaturas fantásticas descritas como humanoides feos y salvajes, en la saga de “El Señor de los Anillos. No hace falta reflexionar demasiado para comprender que desde la óptica presidencial los humanoides feos y salvajes son los votantes de la provincia de Buenos Aires, a los que hay que combatir.

Lucas José Salim, un conocido empresario libertario de la provincia de Córdoba, enojado por el resultado electoral del domingo, fue un paso más allá y dejó un mensaje en extremo cruel: A los bonaerenses les deseo desabastecimiento y más desnutrición infantil. Son burros, son brutos, son pobres por cómo votan”, posteó. Por su parte, el cineasta de La Libertad Avanza Diego Recalde, que suele apelar permanentemente a frases escandalosas, dijo que los votantes bonaerenses, a los que definió como Mabeles y Raúles son gente que goza autodestruyéndose.

El economista amigo de Milei y ferviente defensor de sus ideas económicas Miguel Boggiano se pronunció en modo parecido: “No hay caso. La gente de La Matanza ama cagar en un tacho y caminar en calles de barro”.

Lo de cagar en un tacho es un lugar común para denigrar a los sectores vulnerables. Pero es extraño que lo usen como argumento quienes apoyan a un gobierno que frenó casi por completo la obra pública, entre ellas las obras de saneamiento de los hogares, como por ejemplo un programa para urbanizar barrios populares en la provincia de Buenos Aires que funcionaba hasta noviembre de 2023. Además, la información del INDEC desautoriza esa visión estigmatizante de los bonaerenses: 9 de cada 10 bonaerenses tiene inodoro con descarga de agua.

La tendencia a descalificar a los votantes cuando los resultados no resultan favorables revela una visión elitista de la política que contradice el discurso democrático y la prédica de la libertad. El voto es la expresión más clara y legítima de la voluntad popular, y menospreciarlo significa, en los hechos, menoscabar a la democracia misma.

La descalificación de los votantes cuando los resultados no resultan favorables revela una visión elitista de la política que contradice el discurso democrático y la prédica de la libertad. La descalificación de los votantes cuando los resultados no resultan favorables revela una visión elitista de la política que contradice el discurso democrático y la prédica de la libertad.

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