domingo 16 de enero de 2022

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Editorial

No hay salvaciones individuales

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2 de enero de 2022 - 01:05

Mientras el mundo se esperanza en que la oleada de contagios a raíz de la circulación de la variante Ómicron, más contagiosa pero menos letal que las anteriores cepas del coronavirus, sea el último coletazo de la pandemia y una gran noticia para el año que recién comienza, algunas voces siguen alertando sobre los riesgos de una extensión si es que persiste la tremenda desigualdad que ha caracterizado a la estrategia mundial de distribución de las vacunas.

La organización Amnistía Internacional (AI) se quejó el último día de 2021 de la inequidad en el reparto de las dosis, y la caracterizó como un “fracaso catastrófico”, cuyos responsables son los países ricos y las empresas farmacéuticas, que no fueron capaces de garantizar una distribución ecuánime de las dosis. Hoy, por ejemplo, países que están preparándose para empezar con la aplicación de la cuarta dosis, tal el caso de Israel, mientras que hay países pobres que tiene a menos del 10 por ciento de su población vacunada con primera dosis.

Además de ser, desde el punto de vista humanitario, una situación inadmisible y condenable, el gran riesgo es que el virus, favorecido por la baja vacunación en los países pobres, sobre todo de África o Asia, siga mutando hacia cepas cuya peligrosidad no se puede prever. Los primeros casos de la variante Delta se conocieron en la India en diciembre de 2020, cuando aún no había comenzado el proceso de vacunación masiva. Y los primeros de la variante ómicron en noviembre pasado en Sudáfrica, un país que en ese momento tenía solo a un cuarto de su población con las dos dosis, momento en el que la Argentina ya tenía, por ejemplo, al 65% de sus habitantes con el esquema completo.

También las Naciones Unidas tienen una visión muy negativa de la desigualdad en la distribución de las vacunas. António Guterres, secretario general, lamentó #el fenómeno autodestructivo de la fiebre nacionalista de vacunación” y recriminó a los gobiernos la falta de solidaridad. Posición similar tiene la Organización Mundial de la Salud. Su director para África, Matshidiso Moeti, condenó el acaparamiento de las vacunas. "Es profundamente injusto que los africanos en situación de mayor vulnerabilidad se vean obligados a esperar las vacunas mientras los grupos de menor riesgo de los países ricos se ponen a salvo", declaró cuando, en los primeros meses del 2021, las naciones más poderosas empezaban a vacunar con segunda dosis mientras a decenas de países no había llegado ninguna dosis.

Parece ingenuo pretender que en un mundo con brechas abismales en lo que respecta a distribución de la riqueza o el ingreso el reparto de las vacunas se haga según criterios de justicia. Pero hubo, al comienzo de la pandemia, una breve luz de esperanza respecto de que algo podía cambiar. No fue así. Pero queda una enseñanza que tal vez sea asimilada para oportunidades venideras. En fenómenos de impacto colectivo no hay salvaciones individuales.

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