Existe todo un debate con posiciones a veces encontradas o directamente irreconciliables respecto de cómo debe proceder la Justicia cuando hay conflictos entre padres por la custodia de sus hijos. Una de las aristas de ese debate es la figura del Síndrome de Alienación Parental (SAP), que suelen aplicar los jueces. Técnicamente se define como un trastorno infantil que surge casi exclusivamente en el contexto de disputas por la custodia de los niños y que se caracteriza por la presencia de una campaña de denigración hacia un progenitor previamente querido por el niño, la que se inicia instigando temor y animadversión injustificadas. Apelando a esta figura, la Justicia suele propiciar la vinculación entre el progenitor y el menor aun en contra de su voluntad.
- El Ancasti >
- Edición Impresa >
- Opinión >
Niñas y niños en riesgo
La Relatora Especial sobre la violencia hacia las Mujeres de Naciones Unidas, Reem Alsalem, publicó hace unas semanas un informe en el que analiza la utilización del SAP en todo el mundo y cómo, en ocasiones, se utiliza para encubrir violencia de género y abusos sexuales a menores. La revinculación forzada no produce, en estos casos, un restablecimiento del afecto perdido por una separación traumática sino episodios de violencia en los que el niño o la niña se encuentran en una situación de indefensión absoluta.
La misma posición sostiene la defensora de Niñas, Niños y Adolescentes de la Argentina, Marisa Graham, para quien el SAP es un falso síndrome, que pretende hacer creer que la palabra del chico que se niega a ver a uno de sus progenitores está influida por el otro progenitor. “Esto sería una manera de coartar la voz no solo de las mujeres a quienes los hijos e hijas les develan cosas, sino tapar la palabra de niñas y niños cuando sufren maltrato”, señaló en declaraciones radiales. “En la Argentina queremos que se prohíba la utilización del síndrome de alienación parental, va en contra del derecho del niño a ser escuchado”, agregó.
El tema es delicado, porque es cierto que los chicos, sobre todo los de menor edad, pueden ser influidos por el progenitor que tiene la custodia y en ese contexto adoptar posiciones negativas hacia el otro. Pero hay mecanismos que pueden determinar, y la Justicia debe utilizarlos, si el rechazo es fundado en convicciones propias del menor o han sido promovidas por un adulto.
Muchos de los conflictos que se desencadenan en este tipo de situaciones controversiales son responsabilidad de la Justicia, que puede demorar años la tramitación de causas en las que hay disputas sin resolver la cuestión de fondo, que es si uno, o incluso los dos progenitores, cometen actos abusivos contra los hijos o las hijas. Entonces, se prologan indefinidamente las desvinculaciones sin que se pueda corroborar fehacientemente si es una medida atinada o no, lo que termina agravando el conflicto y eventualmente poniendo en riesgo a los niños o adolescentes.