Muchas consultas y pocas reservas en las agencias de viajes y turismo
El año pasado a esta altura, la gente ya había reservado. El destino más elegido fue Brasil, pero este año la gente podría optar por la Costa.
Aunque muchas familias ya comenzaron a averiguar destinos para las vacaciones 2026, la mayoría no realiza reservas y mantiene en suspenso la decisión de viajar. Así lo confirmó Jesús Carrizo, referente de Yokavil Viajes y Turismo, quien señaló que la demanda “es muy baja a pesar del gran volumen de consultas”, una situación que preocupa al sector turístico en Catamarca y en otras provincias del país. “El viajero consulta, pero no concreta. Es un fenómeno raro y generalizado”, afirmó.
Según explicó, años anteriores para esta altura la mayor parte de los paquetes ya estaban vendidos. Desde septiembre solían agotarse las salidas a la Costa Atlántica, Brasil y otros destinos tradicionales. Sin embargo, este año el panorama es distinto: hay interés, pero no definiciones, incluso en provincias con fuerte movimiento emisor como Tucumán y Córdoba. “Los colegas están afligidos. No sabemos a qué atribuirlo exactamente, pero la gente parece estar esperando, especulando”, indicó.
Uno de los principales obstáculos es la falta de financiación para viajes al exterior. Carrizo recordó que desde hace cuatro años no se permite financiar con tarjeta de crédito los pasajes fuera del país, lo que obliga a los viajeros a pagar en un solo pago o a adelantar cuotas antes de viajar. A esto se suma la dolarización de tarifas y la incertidumbre económica que obliga a muchas familias a ser más cautelosas.
El destino más consultado vuelve a ser Brasil, especialmente el sur, Florianópolis, Camboriú e Itapema, con una relación de diez consultas por cada cuatro que recibe el turismo nacional. Sin embargo, a la hora de cerrar una operación, los viajeros se inclinan por destinos argentinos como Mar del Plata, Gesell o Las Grutas, debido a los costos y a la posibilidad de pagar en pesos. Un paquete terrestre al sur de Brasil ronda los 700 dólares, mientras que Río de Janeiro asciende a unos 950 dólares, valores que se vuelven difíciles de afrontar para una familia cuando no existe financiación disponible.
Carrizo destacó que los destinos nacionales mantienen precios más competitivos y han mejorado la calidad de sus servicios. “Hay un 30% o 40% de diferencia respecto a Brasil, y eso termina inclinando la balanza”, dijo. Aun así, señaló que muchos alojamientos y restaurantes del interior catamarqueño también exhiben tarifas elevadas. “En algunos casos, comer en Fiambalá es más caro que comer en Uruguay. Una empanada puede costar 2.000 pesos y comer bien supera ampliamente los valores de grandes ciudades del país”, comparó.
El empresario también apuntó a las falencias de algunos destinos locales que, a pesar del crecimiento, aún no consolidan su oferta turística. En especial mencionó Fiambalá, donde, según indicó, “la noche no existe como parte de la experiencia del viajero” y la falta de actividades nocturnas desalienta la estadía prolongada. “El turista disfruta del día, pero cuando cae el sol no hay nada. Eso hace que muchos no se queden más tiempo. La noche y los servicios básicos son fundamentales”, remarcó.
A pesar del escenario adverso, Carrizo mantiene expectativas de que las ventas repunten en diciembre. “El catamarqueño es cambiante y suele decidir a último momento. Creemos que en los próximos días habrá movimiento. Las consultas nos animan, pero la realidad es que las reservas aún no llegan”, sostuvo. El sector turístico local, que depende en gran parte de la actividad emisiva, aguarda señales que reactiven la temporada.