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Cara y Cruz

Metástasis hacia los "pozos"

25 de abril de 2022 - 01:05

Con el clan comandado por Edgar Adhemar Bacchiani en un momento judicial definitorio y otros cinco negocios con expedientes abiertos, la crisis de las criptofinancieras catamarqueñas comienza a hacer metástasis hacia los llamados “poceros”, recaudadores que reunían, por iniciativa propia o encomendados por los jerarcas, contribuciones de varios inversores hasta acumular cifras multimillonarias que les permitían negociar utilidades mayores cuando las depositaban en las financieras madre. Pagaban a sus clientes un porcentaje entre tres a cinco puntos menor al que obtenían y se quedaban con la diferencia. Cuando el flujo se interrumpió, no pudieron cumplir con los desembolsos comprometidos.

Este eslabón de la cadena es conocido, pero hasta ahora había estado fuera de la lupa judicial. El pedido de detención contra Pablo Olmi, vinculado a Adhemar Capital y denunciado junto a Bacchiani el mes pasado, abre el ángulo de la enmarañada trama.

Olmi había quedado expuesto a principios de febrero, cuando empleados suyos fueron sorprendidos en el destacamento caminero de Huacra con casi 100 mil dólares que trasladaban, según dijeron, desde una financiera de Tucumán a Catamarca por encargo de su patrón, que les había pedido la “gauchada”.

Los escraches y conatos de violencia en los domicilios de los ejecutivos y empleados de las financieras son correlativos a la presión y amenazas de represalias crecientes sobre los “poceros” y sus familias, que se vienen desplegando con más discreción aunque no menor intensidad. Son muchos, algunos de muy buena posición social y económica.

La detención de Bacchiani y sus laderos, que empezarán a desfilar para las indagatorias hoy, abrirá la tranquera para las denuncias judiciales. Las expectativas de cobrar sin pasar por el trámite judicial prácticamente se han extinguido.

La evolución de los acontecimientos confirma las características del proceso, que se desarrolló en Catamarca a lo largo de dos años.

El crecimiento exponencial de las utilidades que ofrecían y pagaban las financieras no se debió a las ganancias que supuestamente lograban con la especulación en el mercado de criptomonedas, sino a la intensa competencia por la captura de depósitos que detonó la campaña promocional desplegada por Bacchiani, cuya agresividad disparó la fiebre.

El arco de la trepada va de un promedio del 9 por ciento hace dos años a tasas superiores al 22 en el final del ciclo. Las tasas de retorno escalaron con el objetivo de retener o arrebatarle inversores a la competencia, divorciadas de cualquier inversión razonable.

Para no perderse la ganga, muchos invirtieron dólares que atesoraban fuera del sistema bancario, en negro. No puede descartarse que también haya entrado dinero de actividades ilícitas.

El universo de aportantes se agotó, dejaron de ingresar nuevos depósitos por la base de la pirámide, el circuito se cortó y el ecosistema hizo colapso porque la gente empezó a reclamar la devolución de lo que había puesto en cuanto comenzaron a demorarse los pagos de los intereses convenidos.

El propio Bacchiani ofreció indicios de esta dinámica cuando el Banco Central le puso la lupa encima y el cerco sobre Adhemar Capital comenzó a cerrarse.

En diciembre, en uno de sus vivos de Instagram, identificó dos bandos: los dedicados a la usura, en el que ubicó a RT Inversiones y Generación Zoe, y los verdaderos “traders”: él mismo, el riojano Carlos Bernede, de Finantech, y Cristian Rojo, de Callvu.

“Ustedes son dueños de hacer con su plata lo que quieran, pero después no lloren. Vayan a gente que les pueda demostrar que hacen trading. Tengan cuidado con la usura, pueden terminar con líos”, recomendó a sus seguidores.

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