jueves 11 de julio de 2024
Aporte N°5 2024. Junta de Estudios Históricos de Catamarca

Los diputados por Catamarca al Congreso de la Independencia

Por Marcelo Gershani Oviedo.

Me postro ante los héroes de la Independencia”, expresó fray Mamerto Esquiú en su Sermón de la Constitución, pronunciado treinta y siete años después de la declaración de la Independencia, el 9 de julio de 1853. Y, refiriéndose al tiempo de enfrentamientos bélicos transcurrido entre la Independencia y la Constitución, exclamó: “¡Dios mío! ¡Treinta y siete años, como treinta y siete siglos han sido!”. Y destaca el valor del “Acta de nuestros padres reunidos en Tucumán…”.

Ese documento fundamental para nuestra historia, al que se refiere Esquiú, el “Acta de Independencia declarada por el Congreso de las Provincias en Sud América”, contiene la firma de dos representantes por Catamarca, cuyo proceso de elección hemos reconstruido. Por las actas capitulares catamarqueñas sabemos que el 17 de junio de 1815 el cabildo recibió una comunicación del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata en la que se invitaba al pueblo de Catamarca a elegir sus diputados al Congreso General. Dice el documento que “invita a este Pueblo a que prontamente pase a hacer nombramiento de Diputado o Diputados que hayan de formar la constitución que ha de regir los Pueblos de América congregados en Asamblea General”. El teniente de gobernador Feliciano de la Mota Botello se encargaría de enviar la información a la campaña. El acta capitular está firmada por el mencionado teniente de gobernador y los cabildantes, entre ellos José Antonio Olmos de Aguilera, a quien veremos luego como protagonista en la elección.

Conforme con las instrucciones recibidas, Mota Botello ordenó que en cada distrito de la campaña se formen las asambleas primarias, de las que debían surgir los electores para integrar la Asamblea Electoral. Ésta última elegiría a los diputados que debían concurrir “a la Capital de Tucumán, punto señalado para la reunión de todos los que han de formar el Congreso General…”. El 22 de julio de 1815Catamarca tomó conocimiento, oficialmente, que Tucumán será la ciudad donde sesionará el Congreso.

Un mes después, reunidos los miembros del cabildo con los electores, resultaron elegidos Manuel Antonio Acevedo, que era cura y vicario de Belén, y José Antonio Olmos de Aguilera, síndico procurador general y que había representado a Catamarca en Buenos Aires en 1810. En la documentación respectiva se lee que los electos “deben concurrir a formar el cuerpo legislativo en Asamblea General con los demás representantes de las Provincias Unidas de estos Estados de la América del Sud” y se aclara que reúnen “las cualidades de patriotismo decidido e idoneidad a los efectos de tan escrupulosa confianza…”. Entre los electores de la campaña nos interesa mencionar a los representantes del curato de Piedra Blanca, José Eusebio Colombres, a quien pronto veremos reemplazando a uno de los electos y el del curato de Nuestra Señora de la Concepción de El Alto, Francisco Javier Thames, tío de Colombres y hermano de José Ignacio, diputado por Tucumán al Congreso.

El Cabildo debía extenderle los poderes relativos “a los negocios a que se dirige la reunión de los representantes de las Provincias de estos Estados de la América del Sud en Asamblea General con autoridad legislativa”, según Leoncio Gianello. Como surge de las fuentes consultadas, los diputados que el pueblo de Catamarca eligió para que nos representen en el Congreso en Tucumán fueron Manuel Antonio Acevedo y José Antonio Olmos de Aguilera. Sin embargo, Olmos renunciará a la diputación el 5 de abril de 1816, por grave enfermedad, dicen los documentos y en su lugar eligió como su reemplazante, pues tenía facultades para hacerlo, al párroco de Piedra Blanca, el ya mencionado doctor José Eusebio Colombres, a quien Manuel Soria menciona como “compadre y amigo” de Olmos de Aguilera.

En definitiva, los diputados que representarían a Catamarca en la jornada histórica del 9 de julio de 1816 fueron dos sacerdotes, que reunían algunas características similares. Ambos eran curas párrocos en jurisdicciones catamarqueñas al momento de su designación, ninguno había nacido en Catamarca y los dos eran naturales de ciudades del antiguo Tucumán. Acevedo había nacido en Salta y Colombres en Tucumán.

El presbítero Acevedo fue cura párroco de Belén desde 1806 hasta 1818, con intervalos. Se adhirió a los postulados de Mayo de 1810 y auxilió en 1812 a los heridos en la Batalla de Tucumán. Escribió que “cuando me adscribí al servicio del altar, no renuncié ni pude renunciar los deberes y los derechos de un ciudadano… apenas se abrió la lucha por nuestra libertad, partí con la patria mi subsistencia”. El domingo 24 de marzo de 1816 el Congreso inició sus sesiones en San Miguel de Tucumán. La ceremonia de inauguración fue solemnizada por una misa en la Iglesia de San Francisco, donde el sermón estuvo a cargo de nuestro diputado Manuel Antonio Acevedo. Más de tres décadas después, el congresista de Tucumán Miguel Calixto del Corro recordaba ese sermón: “¡Ah! ¡qué sentida oración nos pronunció el día de la instalación del Congreso!”, expresó, refiriéndose a Acevedo. Tres días después de la declaración de la Independencia, en la sesión del 12 de julio, Acevedo planteó la necesidad de empezar a discutir la forma de gobierno que adoptaría el país y presentó ante sus pares el proyecto monárquico que el 6 de julio había esbozado Manuel Belgrano en sesión secreta. Dice Abelardo Levaggi que no hay dudas que Acevedo obraba de común acuerdo con el Creador de la Bandera. Acevedo presentó como posible forma de gobierno para adoptar la monarquía temperada “en la dinastía de los Incas y sus legítimos sucesores, designándose desde que las circunstancias lo permitiesen para sede del gobierno la misma ciudad del Cuzco, que había sido antiguamente su corte”. Aunque la forma monárquica contaba con una amplia mayoría a su favor en el Congreso, la idea de un rey inca gobernando desde el Cuzco estaba en franca minoría. Y el proyecto fracasó. Cuando el Congreso es trasladado a Buenos Aires, Acevedo fue electo presidente de este en septiembre e intervino activamente en la redacción del Estatuto Provisorio de 1817. Después de la caída del Directorio fue tomado prisionero en 1820 junto a otros congresales. Cuando recuperó su libertad se trasladó a Catamarca donde en 1822, luego de la declaración de la Autonomía, fue electo diputado para constituir una asamblea constituyente y legislativa. En ese periodo fue autor del “Reglamento Constitucional para la Nueva Provincia de Catamarca”, sancionado en 1823. Posteriormente fue electo diputado al Congreso General Constituyente, que había inaugurado sus sesiones en Buenos Aires en 1824. Allí murió en la noche del 9 de octubre del año siguiente. Fue sepultado en el cementerio de la Recoleta. Un periódico porteño lo calificó en la crónica necrológica como “uno de los bienhechores de la Patria”.

Por su parte, el tucumano José Eusebio Colombres había sido designado párroco en Piedra Blanca en 1804, donde abrazó decididamente la causa de la emancipación. Hemos consultado las actas tucumanas que acreditan que Colombres, mencionado como “cura y vicario del beneficio de la Piedra Blanca en el Valle de Catamarca”, participó del proceso de elección de los diputados de su ciudad natal. Para tratar el tema de los poderes otorgados a los diputados tucumanos, el 19 de enero de 1816 Colombres participó, como uno de los cuatro electores de la ciudad de San Miguel, de la reunión convocada por su primo hermano Bernabé Aráoz, gobernador intendente de la Provincia de Tucumán, que comprendía las jurisdicciones de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca. Hemos visto que Colombres reemplazó a su compadre Olmos y, ya como diputado por Catamarca, defendió en el Congreso la causa del obispo de Salta, Nicolás Videla del Pino, a fin que se le restituyera su sede episcopal. Luego de firmar el Acta de Declaración de la Independencia como representante por Catamarca, Colombres renunció a su banca. Radicado más tarde en Tucumán, comenzó a hacer ensayos con la caña de azúcar, actividad que había iniciado en Piedra Blanca. Al ser derrotada la Liga del Norte en 1841 se exilió en Bolivia, en un pueblo de indios, donde ejerció su ministerio. Regresó a Tucumán en 1845, donde fue cura rector y vicario foráneo. Al año siguiente fue nombrado visitador eclesiástico, en Tucumán y Catamarca, y más tarde, canónigo magistral y vicario apostólico del Obispado de Salta, hasta 1858. En ese momento el Gobierno de la Confederación Argentina lo propuso a la Santa Sede como Obispo de Salta. El papa Pío IX lo designó en tal carácter el 23 de diciembre de 1858, pero Colombres murió el 11 de febrero de 1859 en su casa de la ciudad de Tucumán, sin que la bula papal llegue a sus manos. Fue el único Congresal de 1816 cuya longeva vida le permitió ver la organización política del país a partir de la Constitución de 1853, manifiesta Raúl Molina. Sus restos se encuentran en la Catedral de Tucumán.

Expresa la historiadora Marcela Ternavasio que el Acta de Independencia de las Provincias Unidas en Sud Américaes tal vez el documento más emblemático de la historia argentina. En ese emblemático documento, como vimos, encontramos las firmas de los dos diputados que representaron a Catamarca en aquel evento fundacional.

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